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Cuando Dios susurra

Matutina para Android

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Ayuden a los hermanos necesitados. Practiquen la hospitalidad" (Rom. 12: 13).

 ¿Alguna vez te despiertas con alguien en mente, y sientes que deberías llamarlo por teléfono o visitarlo? Eso me ocurrió el lunes anterior al Día de Acción de Gracias. Al despertarme, me vino a la mente mi amiga Louise. Louise era una maravillosa amiga de la familia, a quien conocíamos de toda la vida. Aunque no nos veíamos frecuentemente, nos habíamos mantenido en contacto a lo largo de los años. Ahora era anciana y yo sabía que estaba comenzando a experimentar problemas de salud.

Mi amada mamá había fallecido en febrero de ese año, así que este era el primer Día de Acción de Gracias que pasábamos desde su muerte. Ella y Louise habían mantenido un contacto cercano a lo largo de los años. Cuando me desperté pensando en ella, sentí que Dios me estaba impresionando para que la llamara.

Pasaron los días, y yo seguía pensando en Louise. El día anterior a Acción de Gracias, sentí que Dios me instaba: "¡Llama a Louise!" Recuerdo decir: “Sí, señor, me sentaré y la llamaré ahora".

Entonces, lo hice. El nieto de Louise respondió el teléfono. Me dijo que Louise no se había estado sintiendo muy bien, pero que le diría que yo la llamaba. Un momento después, oí la voz de Louise. Estaba muy feliz de escucharme y mi corazón desbordó de alegría al oír su voz. Siempre fue una mujer dulce, generosa con su tiempo, y muy amante y paciente. Le dije cosas que no había expresado en bastante tiempo, contándole cuánto significaba ella para mí y para mi familia. Compartimos mucho y expresamos nuestro amor mutuo. Fue una conversación maravillosa y me sentí muy bien después.

Pasó el Día de Acción de Gracias. La semana siguiente, estaba realizando mis tareas cuando sonó el teléfono. Era la hija de Louise, diciéndome que Louise había empeorado y había fallecido.

Por más que me sentía triste, estaba llena de gozo porque nuestro dulce Señor me había instado a que la llamara. Esto me había sucedido varias veces en el pasado. Sé que mi Señor es quien me habla y, sin falta, siempre había una necesidad para la cual una llamada telefónica, una tarjeta o una visita fueron determinantes para alguien.

JEAN DOZIER DAVEY


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