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Mi protector bucal milagroso

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“Así que mi Dios les proveerá de todo lo que necesiten" (Fil. 4: 19).

Tengo un trastorno conocido como ATM, abreviatura para "articulación temporomandíbular", una articulación ubicada en la mandíbula. Si sufres de este trastorno, sabes lo doloroso que puede ser. Luego de casi un año de tratamiento activo, continué usando protector bucal superior e inferior diariamente, y los necesitaré por el resto de mi vida.

Generalmente, había mantenido una buena rutina de cuidados, pero la quebré un día mientras hacía compras navideñas con mi hija y mi nieta. Me quité el protector inferior para poder comer, y lo puse en el bolsillo del cochecito, ya que no tenía el estuche conmigo. Cuando llegamos a la casa de mi hija, revisé el bolsillo, pero el protector había desaparecido. No tenía idea de cómo había sucedido. Oré fervientemente pidiendo al Señor encontrarlo, ya que los protectores pueden costar mucho dinero y tiempo.

Esperé varios días, con la esperanza de que apareciera, y seguí orando... pero no hubo éxito. Finalmente llamé al consultorio de mi médico, para hacerle saber que lo había perdido. Pensé que reemplazarlo me costaría unos 330 dólares y sería difícil pagarlo. ¡Imagina mi sorpresa, cuando me enteré de que el costo sería de casi mil dólares! Mi única opción era depender de un solo protector por el momento, así que concluí la llamada.

Me senté en el sillón y clamé a Dios con desesperación. "¡Ayúdame, querido Señor! ¿Qué voy a hacer?" Casi al instante de que terminara mi oración, sonó el teléfono. Llamaban del consultorio del médico. La voz de otro lado de la línea dijo:

-El Dr. Spencer desea hacerle un regalo anticipado de Navidad. Él va a pagar su protector

Todo lo que pude hacer fue llorar, y agradecer una y otra vez.

Escribí una nota al médico, expresando mi sincero agradecimiento y alabando a Dios por su generosidad y la del médico. Nada parecía suficientemente adecuado para un acto de bondad tan increíble. ¡Qué maravilloso es nuestro Dios! Él tiene mil maneras de contestar nuestras oraciones, de las cuales no sabemos nada.

Cada vez que uso mi protector diurno, recuerdo a quien me lo dio. Es un recordatorio diario del cuidado de nuestro atento Dios. ¿Me he convertido en una cristiana perfecta, como resultado de esa maravillosa respuesta inmediata a mi oración? Bueno, querida lectora, tú ya conocerás la respuesta a esa pregunta. Pero soy muy consciente de mi enorme necesidad y de su infinito amor. Mi resumen es este: nunca dudes de su amor por ti.

JOAN GREEN


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