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“De nada, por supuesto”

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"Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Fil. 4: 13).

Hace tres años, mi nieto de cinco años, Donwayne, me hizo un favor. No recuerdo qué era o qué hizo, pero lo que siempre recordaré es lo que me dijo cuando le agradecí: “¡De nada, por supuesto!" Estoy segura de que sonreí, agradeciendo a Dios por la buena educación y la cortesía que mi hija le había enseñado. Ahora, cuando alguien me agradece por algo, me veo tentada a repetir sus palabras: "De nada, por supuesto".

Mis nietos son la luz de mi vida. Me traen mucho gozo, especialmente cuando veo la buena educación que reciben. La cortesía, no importa cuán pequeña sea, despierta lo mejor de nosotros. Las palabras son lazos a nuestra memoria. Cuando están cubiertas de cortesía, son particularmente especiales.

Puedo entender por qué hace más de dos mil años, Jesús se permitió estar rodeado de niños pequeños y decía, a quienes escuchaban, que esos pequeños eran ciudadanos del cielo. También puedo entender por qué tres de los escritos de los evangelios (Mateo, Marcos y Lucas) registraron sus palabras: "Jesús dijo: 'Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el Reino de los cielos es de quienes son como ellos'" (Mat. 19: 14).

Elena de White nos dice aún más. "Jesús amó siempre a los niños. Aceptaba su simpatía infantil, y su amor franco y sin afectación. La agradecida alabanza de sus labios puros era música para sus oídos y refrigeraba su espíritu" (El Deseado de todas las gentes, p. 472).

Elena de White también les escribió directamente a las madres que a menudo están cansadas por cuidar a sus preciosos niños. Les dio consuelo, invitándolas a dejar sus cargas a los pies del Salvador, y las animó a guiar a sus pequeños al Maestro, para pedir una bendición. Ella dijo que Jesús bajó al nivel de los niñitos. "Él, la Majestad del cielo, no desdeñaba contestar sus preguntas y simplificar sus importantes lecciones para adaptarlas a su entendimiento infantil" (ibíd, p. 473).

Jesús todavía sabe lo importante que es el cuidado de los niños. Él también conoce lo desafiante que es. El versículo de hoy es una promesa para cada uno de nosotros, al ayudar a los niños de nuestros hogares, iglesia y comunidades. Con la ayuda de Cristo, podemos enfrentar cualquier cosa que se cruce por nuestro camino.

VERONA BENT


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