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Incluso anteojos de sol

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“Porque su Padre sabe lo que ustedes necesitan antes de que se lo pidan" (Mat. 6: 8).

No uso anteojos recetados ni anteojos de sol recetados. Pero, por años, cada vez que visito al oftalmólogo me dice que aunque tengo una visión perfecta, tengo que usar anteojos de sol para proteger mis ojos, a causa de un pequeño crecimiento originado por el resplandor del sol.

Un día, apurada, revisé rápidamente los anaqueles de la tienda buscando un atuendo asequible pero inusual, para la semana de la Moda. Cuando encontré uno y fui a probármelo, me saqué los anteojos de sol y los puse sobre un gancho en el probador, pero la manija se quebró y todo se cayó. Estaba muy enojada, porque los anteojos de sol no tenían ni un mes de uso.

Ese martes de tarde, cuando una amiga me visitó, le conté la historia y exclamé, frustrada:

-¡Ya ni siquiera quiero un par de anteojos de los baratos de nuevo! ¡Quiero uno que cueste cientos de dólares y que me dure años!

El jueves siguiente, solo dos días después, pasé la noche con un grupo de amigas. Una de ellas estaba pasando por un momento de transición y necesitaba apoyo. Nos quedamos hasta tarde y nos divertimos mucho. Entonces, esta amiga me dijo que había comprado un par nuevo de anteojos de sol. Dijo que podía haber obtenido un segundo par o un cupón de descuentos, pero en lugar de eso eligió un par de anteojos de sol nuevos, que costaban más de setecientos dólares. Se podía notar que ella estaba feliz con ellos; pero no realmente emocionada.

Al irnos de su casa a la mañana. Siguiente, la animé a usar sus nuevos anteojos de sol. Ella los puso en su cartera. Mientras caminábamos, se detuvo y me dijo:

-Por alguna razón siento que tengo que darte esto.

Siguió diciendo que ni siquiera estaba segura de por qué los había comprado, ya que ya tenía un buen par de anteojos. Además, el estilo no era su preferido era más similar a mi estilo. Entonces, sacó los anteojos de sol de su cartera y me los dio.

¡Lo que sucedió después fue aún más increíble! Suspiró con alivio y exclamó:

-Ahora me siento aliviada.

-¿Hablas en serio? -le pregunté.

Hablaba en serio.

Quedé asombrada porque ella no tenía idea de lo que había sucedido al comienzo de esa semana, y asombrada de que Dios hubiera usado a Angie para honrar un simple deseo de un par de anteojos de sol. Hasta vinieron con una garantía de fabricante por un año y mantenimiento gratuito. ¡Qué gran Dios!

NADINE A. JOSEPH


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