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Helga o Heather

Matutina para Android

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"¡Te alabo porque soy una creación admirable! ¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien!" (Sal. 139: 14).

No me gustan las mañanas como esta. Cuando no salgo a tiempo y mi cabello hace esa cosa grasosa, caída y poco cooperadora. Cuando paso demasiado tiempo probándome tres pantalones vaquero uno detrás del otro. Cuando cuanto más tiempo paso mirándome en el espejo, más fuerte gritan las voces acosadoras. Palabras como "gorda", "asquerosa", "fea" "desmotivada" y "patética" se entrometen en mi vocabulario, que suele ser mucho más amable, y me dejan sintiéndome. Casi todas esas cosas. Las mañanas que son lunes y la guerra ya ha comenzado. En realidad, la guerra nunca termina. Va y viene, dependiendo de quién está a cargo. Generalmente es Helga o Heather, depende del día. Por lo habitual, soy tolerante o ácida, amable o crítica, compasiva o controladora.

Heather es la jovencita que nunca ha visto una revista de modas o anhelado ser nadie más que ella misma. Helga es la crítica despiadada. Ella me destroza y me recuerda todo lo que he hecho mal. Todo Helga fue lo suficientemente ruidosa por suficiente tiempo, para introducirme en la anorexia y la bulimia. Ella no podía admitir un defecto. Dura por fuera, pero quebrantada por dentro. Estaba convencida de que sus virtudes importantes eran su organización, eficiencia y productividad. Estaba triste, pero no estaba dispuesta a decirlo en voz alta. Era aparentemente "perfecta", pero no encontraba ningún valor en sí misma.

Heather está aprendiendo que la perfección es un mito, una mentira; una que creí con demasiada facilidad, entrando en un círculo vicioso. Ahora estoy aprendiendo a soltarme y aceptarme. Cuando las personas tratan de competir conmigo o probar que son más bellas, más delgadas o más perfectas, yo salgo de la competencia. Así es: los dejo "ganar" porque, a fin y al cabo, eso no es ganar. El juego es tonto, y ya no lo juego. Salir no significa darme por vencida o abandonarme a mí misma. Significa que he reconocido que el criterio actual para la perfección es completamente inalcanzable, y estoy eligiendo tomar la gracia que se me ofrece, en lugar de matarme por aparentar que tengo todo bajo control. Puedo estar satisfecha. Puedo estar completa. Puedo aceptar el regalo de la gracia y dejar de nadar contra la corriente.

Y ¿si soy todo lo que necesito ser? Y ¿si siempre he sido todo lo que necesito ser? Primera de Corintios 1: 3 dice: "Que Dios nuestro Padre y el Señor Jesucristo les concedan gracia y paz". Dios ya nos ha dado gracia y paz. Aceptarlas es una decisión. Cada día.

HEATHER BOHLENDER


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