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¡Un encuentro en la fila de la caja de Target!

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"Con amor eterno te he amado” (Jer. 31: 3).

El 23 de diciembre pasado, me encontraba en la larga fila de la caja en Target. Frente a mí, había un padre empujando un carrito donde iba sentada su hijita, mientras él llevaba en sus manos unas compras. De repente, con una gran sonrisa, la niñita estiró su bracito hacia mí y dijo:

-Hola, ¿sabías que Papá Noel viene mañana por la noche?

Le di la mano y respondí:

- ¡He escuchado eso! ¿Has sido una buena niñita todo el año?

Inmediatamente, su sonrisa desapareció, bajó la mirada, me soltó la mano y frunció el ceño.

-En realidad… -respondió muy lentamente, sacudiendo su cabeza- no he sido tan buena.

-Bueno -dije, tratando de no reírme -, esperemos que Papá Noel recompense tu honestidad.

-Sí -agregó el papá, sonriendo-, ella tiene mucha, mucha suerte de que Papá Noel ame también a las niñitas malas.

No sé qué habrá hecho esa niña para que su padre la describiera como "mala", pero estaba contenta de que haya dejado en claro que el amor estaba disponible a pesar de su conducta. Por mi parte, estaba fascinada con la pequeña. Esta preciosa niña estaba tan entusiasmada por la mítica llegada de Papá Noel, que no podía evitar compartirlo conmigo, una perfecta desconocida. Obviamente, era su principal pensamiento y, por eso, la información brotaba descontroladamente de su boca. La evaluación transparente y honesta de su conducta pasada fue tan refrescante, ¡que hubiese querido abrazarla! También admiré a su papá, por hacerle saber que la amaban aunque no se hubiera comportado tan bien.

A lo largo de la temporada navideña, me hallé pensando sobre ese encuentro en la fila de la caja de Target. ¿No sería maravilloso, si esta Navidad todos fuéramos como esa niñita? ¿Y si estuviéramos tan entusiasmados por la pronta venida de Jesús que no pudiéramos evitar estirar nuestros brazos a perfectos desconocidos y contarles las buenas nuevas? ¿Y si la anticipación expectante de ver a nuestro Señor y Salvador fuera nuestro principal pensamiento, haciendo que el gozo que nos da brote sin control de nuestras bocas? Y aunque no hayamos sido del todo "buenos" este último año, ¿no demostrarían nuestra transparencia y honestidad el poder de Dios en nuestras vidas?

Y entonces… oh, sí... entonces... todos verían cuánta "suerte" tenemos, de servir a un Dios tan maravillosamente lleno de gracia inimaginable que nos ama incluso a las "niñitas malas."

ELLE POSTLEWAIT GREEN


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