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LA SEÑORA NADA CONOCE AL SEÑOR ALGO

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Dios, en el principio creó los cielos y la tierra. La tierra era un caos total, las tinieblas cubrían el abismo, y el Espíritu de Dios iba y venía sobre la superficie de las aguas (Génesis 1: 1,2).

¡Oye, ya estamos en 2018! ¡Oh, vaya! Te diste cuenta, ¿no? Quizá viste portelevisión cómo caía anoche la gran bola de cristal en la plaza Times Square de Nueva York. Tus dolores de cabeza y de estómago lo prueban. (Aunque en realidad, el nuevo año empieza al atardecer del 31 de diciembre: «Vino la noche, y llegó la mañana: ese fue el primer día» [Génesis 1: 5]; pero hagamos esto a un lado.)

Desde la cuenta regresiva en Times Square has experimentado por lo menos un minuto del nuevo año; hasta quizá podríamos decir que eres profesional en esto del año nuevo. Nunca pasa de moda, ¿o sí? ¿Te has imaginado cómo observaron los ángeles en el cielo y las criaturas de los mundos no caídos el nacimiento de la tierra en la víspera del primer Año Nuevo del mundo?

Dios salió en medio de la oscuridad total, de la ausencia de todo, la mayor nada que jamás hubo, y simplemente empezó a hablar. Yo imagino los trillones de planetas con sus hermosos seres que se inclinaban ante la presencia de Dios, mientras veían las manos del Creador, oían su voz y confiaban en el corazón del Señor.

Cuando nació la tierra, no hubo fiestas para el nuevo mundo que encabezaran grupos musicales de moda. No hubo policías a caballo para mantener a la gente a raya, ni equipos de SWAT patrullaban las calles para prevenir que los terroristas convirtieran la celebración de Año Nuevo en una pesadilla. No hubo multitudes alcoholizadas ni globos ni serpentinas ni cantantes famosos ni la gran bola de cristal de Times Square. Dios estaba a punto de hacer lo imposible: Todos los mundos no caídos se mantuvieron inmóviles, esperando ver lo que Dios inventaría esta vez.

Tan pronto como Dios penetró en la oscuridad y empezó hablar, la nada Se convirtió en «algo», y no un «algo» cualquiera. Este «algo» (la Tierra) significaría todo para Dios. No asombra que mirara todas esas cosas y declarara que «era muy bueno» (Génesis 1:31).

A medida que leas la Palabra de Dios durante este año, él te transformará en algo hermoso, y esta vez tiene mucho más que la nada para trabajar. ¡Continúa con tu lectura!

NO DEJES DE LEER

Hoy lee Génesis 1-3. Dios no hizo un trabajo de mala calidad cuando creó la Tierra y sus habitantes. ¿Cuánto cuidado vas a poner este año en lo que hagas?


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