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¿QUIERES HUIR?

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El Señor le dijo a Abram: «Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre, y vete a la tierra que te mostraré» (Génesis 12: 1).

Sakinah Booker no tenía idea de cuánto odiaba Semaj, su pequeño hijo de nueve años, vivir en Tacoma, Washington. Un día, el niño de menos de metro y medio de estatura robó el automóvil de su vecino y lo vio la policía cuando intentaba llegar a una autopista cercana.

Se esperaría que si un niño de nueve años viera que un policía le grita desde su patrulla que se detenga, se asustaría; pero Semajno. Hizo que la policía iniciara una persecución a gran velocidad, que terminó cuando el chico tomó una salida equivocada y estrelló su vehículo contra un árbol.

A causa de su edad, ningún centro correccional lo aceptó, así que lo enviaron de regreso a su casa. A las seis de la mañana del día siguiente, huyó nuevamente. Cuando la policía finalmente atrapó al pequeño señor Booker, esta vez descendía de un avión en San Antonio, Texas. Leíste bien. De alguna manera huyó de su casa, viajó hasta el aeropuerto, pasó a través de los puestos de seguridad de dos aeropuertos distintos, abordó un vuelo sin boleto y logró llegar hasta San Antonio. ¿Por qué Semaj se metió en todos esos líos? Quería desesperadamente llegar a su destino soñado: Dallas, Texas. ¡En algunas ocasiones sencillamente tienes que huir!

¿Qué pasa cuando te gusta mucho el lugar donde vives pero Dios quiere que lo abandones? Eso le dijo el Señor a Abram, cuyo nombre luego fue Abraham. Dios le dijo que dejara su casa, su tierra, todo lo que conocía, por ir a un lugar que Dios le mostraría finalmente. A diferencia de Semaj, Abram no tenía idea de adónde iría. ¿Qué pensaba Dios?

Bien, ayer leíste lo que pasó en Babel. Después del diluvio, la gente se había vuelto muy mala y hacía solamente lo que quería, por eso Dios decidió levantar una nación que lo obedeciera y sirviera como un ejemplo de justicia ante un mundo caprichoso y egoísta. Abram sería el hombre que se convertiría en el padre de esa nación. Pero para obedecer y recibir la bendición de Dios, el patriarca tuvo que dejar atrás las cosas que le resultaban cómodas. ¿Cuál fue esa bendición? Busca ahora en Génesis 12:1-3. ¿Es o no una promesa asombrosa?

NO DEJES DE LEER

Génesis 10-12

Dios llamó a Abram, pero este no era un hombre perfecto. Lee Génesis 12: 10-20.


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