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¡AY! SE ME OLVIDÓ

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Entonces el jefe de los coperos le dijo al faraón: «Ahora me doy cuenta del grave error que he cometido» (Génesis 41: 9).

Los sueños metieron a José en problemas con sus hermanos. ¿Por qué después de todo por lo que pasó, tendría que escuchar a dos tipos que habían tenido sueños extraños? Eso supera mi comprensión. Si yo hubiera sido Pepe, probablemente hubiera dicho: «Dejen de soñar, amigos. Pónganse cómodos. Van a estar aquí durante un buen rato».

Pero yo no soy Pepe. Los problemas de José lo habían acercado a Dios en vez de amargarle el mundo. Cuando te acercas a Dios, tiendes a no rechazar las oportunidades de ayudar a la gente. Así actuó José cuando dos asistentes del rey quedaron bajo la supervisión del hebreo en prisión (Génesis 40).

Ellos hablaron de racimos de uvas y barras de pan, cosas con las que difícilmente soñamos, pero esos sueños conllevaban serias implicaciones. En tres días uno de ellos iba a recuperar su antiguo trabajo y el otro sería sentenciado a muerte. Eran sueños importantes.

Mediante José, Dios interpretó los sueños, y todo pasó tal y como él dijo. Por haberlo ayudado, José simplemente pidió al copero que dijera al rey algunas buenas palabras en su favor (vers. 14-16). ¿Recordó el copero a José cuando salió de la cárcel? Bueno, más o menos.

El copero recordó a José dos años después, cuando el faraón tuvo un sueño extraño que nadie pudo interpretar. El copero disfrutó tanto su libertad que había olvidado a aquel por medio del cual Dios le había dado esperanza. ¿Qué te parece?

La verdad es que si vives lo suficiente, habrás ayudado a personas que pronto habrán olvidado lo que hiciste por ellas. Eso le pasó a Cristo. Piensa en toda la gente que lo vio crucificado, ¿acaso no eran personas que él había ayudado? Reflexiona en esto.

Jesús dijo: «¿Qué mérito tienen ustedes al amar a quienes los aman? Aun los pecadores lo hacen así ¿Y qué mérito tienen ustedes al hacer bien a quienes les hacen bien? Aun los pecadores actúan así» (Lucas 6: 32, 33).

NO DEJES DE LEER

Génesis 40-42

Ya has completado dos semanas de lectura de la Palabra de Dios. ¡Un fuerte aplauso para ti! Reflexionando en lo que has leído, ¿en qué momentos has visto la gracia de Dios?


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