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¿QUIÉN ES PEPE?

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Llegó al poder en Egipto otro rey que no había conocido a José (Éxodo 1: 8).

Cuando una persona hace algo realmente grandioso, la gente tiende a recordarla. En el siglo XIX, un químico francés descubrió que los gérmenes causaban las enfermedades, no la generación espontánea. Antes de su descubrimiento, los científicos creían que podían surgir seres vivos milagrosamente de organismos no vivos. Suena absurdo ahora, ¿verdad? Esa idea no era tan descabellada antes de que los experimentos de Louis Pasteur probaran lo contrario. Pasteur creó un proceso que hoy llamamos pasteurización, mediante el cual los alimentos se calientan para destruir a los microorganismos que causan las enfermedades. Tienes que agradecerle a Pasteur porque en tu leche no nadan microorganismos peligrosos. (¡Puaj!)

Supón que hubiera un científico que no conociera a Pasteur. Piensa que por algún giro del destino, ese científico llegara a ser el director de la Secretaría de Salud que se ocupa de administrar alimentos y medicamentos. Como sabes, se supone que ese funcionario debería proteger los alimentos que consuman los ciudadanos, y así evitar las enfermedades y el terrorismo. ¿Qué pasaría si como director de esa secretaría, basado en su propia investigación, prohibiera el actual proceso de pasteurización? ¿Crees que obtendría la aprobación del senado de su país?

¡No! Ese caballero tendría más posibilidades de que se lo tragara un sapo. Al menos eso espero. Pues algo así pasó en Egipto muchos años después de la muerte de José. ¿Lo recuerdas? Dios lo usó para salvar a los egipcios y al mundo conocido en ese entonces de la inanición que produjo la hambruna mundial (Génesis 41: 57). Memorable, ¿no crees?

No para el gobernante de Egipto. José había fallecido hacía mucho tiempo, y sus monumentos estaban viejos y oxidados. Mientras los egipcios recordaron a José, los israelitas estuvieron a salvo. Cuando su memoria falló, los israelitas fueron condenados. Durante los siguientes 430 años, los egipcios esclavizaron al pueblo de Dios.

Nunca olvides ni minimices las contribuciones de la gente que vivió antes que tú. Personas que se sacrificaron para que tú pudieras tener éxito.

NO DEJES DE LEER

Éxodo 1-3

Por favor, hoy lee Éxodo 2. No importa qué tan mal estés, Dios va a liberarte, tal como envió a Moisés a liberar a Israel.


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