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¿Acaso no sabes que Egipto está arruinado? (Éxodo 10: 7).

El 10 de septiembre de 1982, la portada del Today in the Word, un periódico devocional del Instituto Bíblico Moody, destacaba una historia chistosa pero real.

El antiguo boxeador de peso completo James «Quick» Tillis fue un vaquero de Oklahoma que peleó en Chicago a principios de la década de 1980. James todavía recuerda su primer día en la ciudad de los vientos después de su llegada de Tulsa. «Me bajé del autobús con dos maletas de cartón debajo de mis brazos en el centro de Chicago, y me detuve enfrente de la Torre Sears. Bajé mis maletas, miré hacia la torre y me dije: "Voy a conquistar Chicago”. Cuando miré hacia abajo, ya no estaban las maletas». James Tillis era veloz, pero también los ladrones de esa ciudad.

Si tomas como referencia el orgullo y la presunción de James Tillis, expresados frente a la Torre Sears en Chicago, y lo multiplicas por, digamos, millo algo parecido, todavía necesitarías más para llegar al nivel de orgullo que tenía el faraón. Seré un gallina, pero no me puedo imaginar reteniendo al pueblo de Dios después de ver las aguas sanguinolentas, ranas, moscas y langostas. Yo ni me acercaría a las ranas. Sería el colmo para mí. ¡Las odio!

Aun así el faraón permanecía inamovible. Después de cada plaga, prometía dejar que el pueblo de Dios se fuera; pero una vez que la plaga pasaba, volvía a su posición anterior y se negaba. La Biblia nos dice en muchos lugares que Dios «endureció» el corazón del faraón para que no aceptara las demandas de Moisés. ¿Qué significa esto exactamente? ¿Obligaba Dios al faraón a persistir, cuando pudo quebrantarlo después de la primera plaga para que los israelitas se fueran?

En Patriarcas y profetas (pág. 274), la gran escritora E. G. White nos ayuda a aclarar este problema: «No fue ejercido un poder sobrenatural para endurecer el corazón del rey, Dios dio a faraón las evidencias más notables de su divino poder; pero el monarca se negó obstinadamente a aceptar la luz. Toda manifestación de poder infinito que él rechazara le empecinó más en su rebelión». El orgullo y el rechazo a Dios por parte del faraón habían endurecido su corazón. Nunca dejes que el orgullo ciegue tus ojos a la conducción de Dios en tu vida.

NO DEJES DE LEER

Éxodo 10-12

Lee 1 Samuel 6: 6. Aun otras naciones sabían que faraón había endurecido su corazón contra Dios.


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