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MUESTRA TU AMOR

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Nadie se presentará ante mí con las manos vacías (Éxodo 23: 15).

«¿Ustedes creen que Jesús era pobre? Nunca montó un burro viejo; era uno nuevo. Yo no quiero un auto viejo. Yo quiero uno nuevo, ¡que solamente yo pueda estrenar!»

No podía creer lo que oía. No importaba cuántas personas se hubieran sentado en el auto antes que el comprador, ese predicador quería hacer saber a sus miembros que quería un automóvil nuevo. (Descuida, no es tu pastor. A ese personaje lo vi en la tele.)

Todavía no estoy seguro de adónde quería llegar el predicador, pero creo que tenía que ver con el hecho de que los miembros de su iglesia le dieran más dinero. Así es como eso de que «Jesús montó un burro nuevo» entró en el mensaje. Mientras continuaba gritando a su congregación, una pequeña niña caminó hacia el púlpito, alzó su mano y le dio dinero. Él agradeció y continuó predicando, o sacándole más dinero a los creyentes; era difícil saber. Esa sí que fue una extraña imagen en la pantalla: un predicador con la Biblia en una mano y un puñado de billetes en la otra.

Hoy leíste las leyes que Dios dio a Moisés para el desarrollo de la comunidad israelita. Dios dio claros mandamientos respecto a la propiedad, responsabilidad social, justicia y misericordia, además del sábado. Una de las muchas cosas que Dios estipuló era que ninguno habría de ir a su presencia con las manos vacías. Los israelitas tendrían tres festivales anuales y, en cada una, tenían que preparar una ofrenda, pero no cualquiera: «Llevarás a la casa del Señor tu Dios lo mejor de tus primicias» (Éxodo 23: 19).

¿Sabía Dios que le iban a faltar provisiones y por tanto necesitaba a los israelitas? No. Esos regalos estaban designados para ayudar a los israelitas a recordar al Único que los había liberado, que satisfizo sus necesidades diarias, el Único que los amó más que todo. Los regalos eran una medida de su amor.

La próxima vez que te presentes ante Dios, muéstrale tu amor. Lleva el mejor presente que tienes y dáselo al Señor.

NO DEJES DE LEER

Éxodo 22-24

Moisés pasó 40 días y noches con Dios (Éxodo 24: 18). Pues bien, ¡ahora es tu momento con Dios! Habla silenciosamente con él a lo largo de tu día. Apaga todo lo demás.


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