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LO SIENTO, ME TENGO QUE IR

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Después me harán un santuario, para que yo habite entre ustedes. El santuario y todo su mobiliario deberán ser una réplica exacta del modelo que yo te mostraré (Éxodo 25: 8, 9).

Hace unos años conocí a Gerry en Dallas, Texas, en una conferencia cuyo lema era «Solamente pídelo». En ese tiempo, Gerry estudiaba para ser pastor, y de solo mirarlo se podía decir que amaba a Dios. Mientras hablábamos, me contó que desde hacía poco tiempo sus padres habían dejado de ir a la iglesia. Él tenía dieciséis años entonces y apenas sabía conducir. Sus padres habían sido miembros activos de su iglesia durante muchos años, pero todo cambió cuando los acusaron de mal comportamiento.

Después se determinó que las acusaciones habían sido falsas. Los padres de Gerry no habían hecho algo malo, pero estaban ofendidos. Nada querían tener que ver con la iglesia, nunca más. Pero Gerry no pudo dejar la iglesia. Asistió por su cuenta, sábado tras sábado. Después de casi un año, Sus padres hicieron lo impensable. Cierto sábado de mañana decidieron acompañarlo. Ahora sirven fielmente al Señor otra vez, gracias al inflexible ejemplo de su hijo adolescente.

Cuando los israelitas fueron liberados de la esclavitud en Egipto, Dios anhelaba estar con ellos en adoración otra vez. Esa era la razón principal por la cual Dios enfrentó tantos problemas para liberar a su pueblo. Hasta ese momento, los israelitas no habían tenido un sistema formal de adoración. El tabernáculo cambiaría la situación. Así Dios habitaría con ellos.

Además, el tabernáculo servía para otra cosa. Dios sabía que si los israelitas no desarrollaban el hábito de adorarlo, seguirían las prácticas de las naciones paganas que los rodeaban y adoraban dioses falsos. Así que ir al tabernáculo y ofrecer sacrificios en adoración, los protegía del descarrío.

A pesar de que los padres de Gerry dejaron de ir a la iglesia, la fe del muchacho se mantuvo fuerte porque tenía el hábito de ir a la casa de Dios cada sábado. Esta práctica semanal de adoración le impidió abandonar a Dios.

No importa cuán malas se pongan las cosas en casa o en la iglesia, nunca dejes de pasar tiempo con Dios en su casa.

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Éxodo 25-27

Mientras lees Éxodo 25: 27 piensa por qué crees que Dios fue tan detallista y meticuloso en las especificaciones del santuario. ¿Cómo debemos tratar la casa de Dios?


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