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LAS COSAS PEQUEÑAS

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Los israelitas lo hicieron todo tal y como el Señor se lo mandó a Moisés (Éxodo 39: 32).

Siempre me han fascinado los viajes espaciales. No sé si fueron las repeticiones del viejo programa Viaje a las estrellas, pero una cosa es segura: me encantan los viajes espaciales.

Es extraño, pero me divierto cuando veo la plataforma de lanzamiento, los enormes despegues de los cohetes y transbordadores que suben al cielo desafiando la gravedad. Es un espectáculo asombroso. Cada vez que veo un lanzamiento y un aterrizaje exitosos, recuerdo las miles de personas que trabajan juntas para que la misión sea exitosa, miles de personas que hacen tareas diminutas, cada una de las cuales puede causar una catástrofe si no se hace bien.

La importancia de hacer bien las cosas pequeñas en todas las áreas de la NASA quedó aterradoramente clara el 28 de enero de 1986. Tras un minuto de vuelo, el Challenger explotó en un millón de pedazos; murió toda su tripulación. Fue uno de los días más tristes de mi vida, y gente de todo el mundo lloró aquella pérdida. ¿La causa del accidente? Un anillo en forma de O defectuoso, diseñado para sellar dos partes del sólido cohete. Los ingenieros de la NASA habían fallado cuando probaron los anillos en un microclima extremadamente frío. A causa de su error, un cohete de millones de dólares y su tripulación se perdieron, y todo por una pieza fallida que costaba menos de cinco dólares.

Cuando Dios encargó la construcción de su santuario, ningún detalle de su plan de construcción debía pasarse por alto. El Señor dijo a Moisés qué madera tenían que usarlos constructores, cuáles metales preciosos usarían para moldear, y quién debería hacer el trabajo. Dios inclusive especificó el color de los hilos del tejido para las vestiduras de los sacerdotes. Ningún gasto debía escatimarse, y ninguna tarea debía quedar pendiente. El tabernáculo debía ser algo así como un transbordador, un lugar que acercara a los israelitas al Señor mediante la expiación de sus pecados y la obediencia a la ley divina. Para evitar desastres, el trabajo debía ser hecho con el mayor cuidado.

La lectura de hoy enseña que nuestro Dios es grande en lo pequeño. El Señor cree que si un trabajo es digno de hacerse, hay que hacerlo bien, especialmente cuando nos pide que lo hagamos para él. Siempre sigue el plan de Dios, y siempre da lo mejor. ¡Tú puedes empezar hoy!

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