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SOBRESALIR

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Cuando un hombre o una mujer haga un voto especial, un voto que lo consagre al Señor como nazareo, deberá abstenerse (Números 6: 2, 3).

La mayoría de la gente no tiene grandes aspiraciones de sobresalir entre la multitud; la mayoría de los que tienen ese apremio desea sobresalir por motivos incorrectos. Cornelius Horan, de 57 años, ex sacerdote irlandés, pertenecía al segundo grupo de personas, y escogió un escenario enorme para «meter bien la pata».

Era 2004. ¿El evento? Las Olimpiadas de verano en Atenas, Grecia. El maratón es la carrera culminante que define los Juegos por lo mucho que exige a sus participantes. Es la última competencia olímpica. Pues en 2004, el corredor brasileño Vanderlei de Lima estaba a la cabeza de la carrera y a escasos seis kilómetros de la línea de meta cuando un hombre desquiciado, vestido con falda escocesa y unas calcetas verdes hasta las rodillas, salió repentinamente de entre el público y se dirigió directamente hacia el corredor.

Cornelius Horan tomó a Vanderlei de Lima, lo sacó del camino y lo detuvo durante unos segundos, que parecieron una eternidad, antes de que las autoridades y los aficionados pudieran liberar al corredor. Estremecido por lo sucedido, Lima terminó el maratón en tercer lugar. Cornelius Horan obtuvo lo que había deseado: sobresalir.

En el antiguo Israel, Dios dispuso que algunos israelitas sobresalieran en la enorme comunidad hebrea, pero nada tenía que ver con la soberbia. Si un israelita quería apartarse para consagrarse completamente al servicio de Dios, tenía que respetar el código nazareo.

Durante el período de su dedicación, los nazareos no podían ingerir bebidas fermentadas, ni acercarse a un cuerpo muerto o cortarse el cabello. Era un código difícil de seguir pero era voluntario. Los nazareos eran santos, y sus vidas lo demostraban. Sobresalían por su compromiso con Dios.

Sansón fue nazareo de nacimiento, apartado para un propósito santo. Pero como sabemos, el joven eligió usar sus dones especiales para complacerse a sí mismo y no a Dios. Si quieres sobresalir entre la multitud, todo lo que tienes que hacer es dar tu vida a Dios y vivir por él. Vas a sobresalir, ¡por las razones correctas!

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