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LA GRACIA

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Si este es el trato que vas a darme, ¡me harás un favor si me quitas la vida! ¡Así me veré libre de mi desgracia! (Números 11: 15).

«Está cansado, hijo -afirmó mi mamá severamente-. Sé paciente con él. Es solo un niño». Entonces dejé en paz al nieto mayor de mi mamá. (¡Ella siempre habla en serio!)

Mi sobrino de ocho años de edad se había consumido toda mi paciencia. Arruinaba un día perfecto con su llanto, el cual, por cierto, no era común, como yate imaginarás. El pequeño demonio había llorado sin parar durante casi 40 minutos y apenas se detenía para respirar. El paseo no había empezado así. Habíamos estado en el parque la mayor parte del día. Miramos enormes peces que nadaban en el lago, jugamos un poco de beisbol, le dimos duro a los columpios; ya sabes, todo lo que se hace en un parque. Pensé que la pasábamos muy bien, pero de repente la situación cambió.

Entonces decidí hacer lo que cualquier buen tío haría en una situación similar: ahogar al niño en el lago. Bueno, lo pensé nada más; esperar atentamente a que mi madre dejara de abrazarlo habría sido muy complicado. Opté así por la alternativa. Si el niño iba a gritarme, yo gritaría a él. Fue una escena horrible, muy de telenovela diría yo.

Mi madre, una gran mujer que crió cinco hijos, entiende que los niños se vuelven un poco locos cuando se cansan. Dios sabe que a nosotros nos pasa lo mismo. Por eso toleró los insultos de Moisés en Números 11: 15. El patriarca básicamente dijo: «Oye, Dios, primero me pones a cargar solo con tu pueblo, y ahora me dejas fracasar. ¿Sabes qué? Mejor mátame ahora mismo». ¿Traducción? «¡Dios, de verdad me fastidiaste la vida!»

Pero Dios entendió que Moisés no hablaba en serio. Sabía que esas palabras las causaban más la fatiga y la frustración, que algún odio contenido. Así que Dios prefirió no responder a lo que decía la boca de Moisés. Más bien escuchó lo que su corazón rogaba: «Padre, necesito ayuda. Estoy abrumado».

Moisés necesitaba la gracia de Dios, y mi pequeño sobrino necesitaba algo de gracia departe mía. Busca oportunidades hoy para compartir la gracia de Dios con alguien.

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Números 12 también está lleno de la gracia de Dios. ¿Qué iba a hacer Dios con Aarón y Miriam? ¿Quién intercedió para salvar sus vidas? Cuando recibes gracia, ofreces gracia.


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