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Víctimas de guerra

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«Lo seguía una gran multitud del pueblo, y de mujeres que lloraban y hacían lamentación por él. Pero Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: "Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos, porque vendrán días en que dirán: 'Bienaventuradas las estériles y los vientres que no concibieron y los pechos que no criaron'"» (Luc. 23: 27-29).

Jesús es especialmente sensible a las lágrimas de estas mujeres, que son, aparentemente, en medio de aquella muchedumbre indiferente, o sedienta de sangre, las únicas que se atreven a manifestarle algo de compasión.

De momento esas madres de familia no acertaron a comprender el sentido de las palabras del Maestro. No sabían que contenían una terrible profecía que, desgraciadamente, pronto habría de cumplirse. Poco antes, Jesús ya había llorado por Jerusalén, anunciando su inminente destrucción. Ahora parece referirse de nuevo a esa triste predicción: «Llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos...». Llorad, porque vosotras y ellos vais a ser testigos, partícipes y víctimas de la destrucción de Jerusalén, de esa querida ciudad que no ha sido capaz de reconocer «el tiempo de su visitación» (Luc. 19: 44).

Aunque tradicionalmente las guerras implican de forma más directa a los hombres, que sufren en primera persona en cualquier conflicto bélico, las mujeres y los niños suelen estar entre las víctimas inocentes más afectadas por la crueldad bélica.

Así lo argumenta Svetlana Alexiévich, premio Nobel de Literatura, en su impresionante obra La guerra no tiene rostro de mujer (Barcelona: Debate, 2015). Su intención, al recopilar los testimonios de mujeres que sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial, era «escribir un libro sobre la guerra que provocara náuseas, que lograra la sola idea de la guerra, diera asco. Que pareciera de locos. Que hiciera vomitar a los generales...» (pág. 20). «En óptica existe el concepto de luminosidad: es la capacidad del objetivo de fijar mejor o peor la imagen captada. En cuanto a la intensidad de los sentimientos, de la percepción del dolor, la memoria bélica de las mujeres posee una "luminosidad" extraordinaria. Son capaces de ver aquello que para los hombres está oculto [...]. Las mujeres siempre tienen presente la misma idea: la guerra es ante todo un asesinato» (pág. 21).

Señor, mientras intento seguir tus pasos por el camino de la cruz de este mundo cruel, despierta en mi corazón tu compasión por el sufrimiento de aquellos, hombres, mujeres y niños, que hoy sufren los horrores de alguna guerra.

FRENTE AL DOLOR

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