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El pueblo de Israel quería un rey. Las otras naciones que conocían tenían reyes y ellos no querían ser diferentes. El profeta Samuel intentó advertir a los israelitas de que no necesitaban imitar a otros pueblos, pero fueron tercos: -¡Queremos un rey!
Saúl fue elegido como el primer rey de Israel. Él se destacaba entre todos, y fue un rey y guerrero valiente. Lamentablemente, cuando ya llevaba mucho tiempo reinando, su corazón se llenó de envidia. No podía permitir que otro guerrero fuera más elogiado que él, y comenzó un enfrentamiento con el joven David. Israel tuvo varios reyes después de Saúl. Algunos adoraron a Dios; otros fueron malvados, se aprovecharon del pueblo y adoraron ídolos.
En la historia de la humanidad hubo muchos líderes. Algunos se recuerdan por su valentía, otros por su amabilidad. Muchos no se preocuparon por su gente.
Nuestra mayor esperanza es saber que tenemos un Rey de todos los reyes y de todos los pueblos: ¡el Creador de este mundo! Es un Rey bondadoso, que se preocupa por cada persona y quiere lo mejor para nuestra vida.
Mi oración: Querido Dios, te agradezco porque tú eres el Rey de Reyes. Quiero adorarte para siempre.
Rey: La mayor autoridad de un pueblo por herencia y pertenencia, y por eso tiene poder.