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Jesús demostraba su amor por las personas al usar su poder para sanarlas. Conocía el corazón de todos y sabía cuáles eran sus mayores necesidades.
Él sanaba a los enfermos y así compartía el amor de Dios. También era una forma de decir que nada es imposible para el Creador del mundo, y que la humanidad podía tener esperanza: vendrían días mejores. Las multitudes lo rodeaban; querían escuchar sus historias y sus consejos, sentir su amor y recibir sanación. Jesús los escuchaba, así como escuchó el grito desesperado de un padre:
-¡Jesús! ¡Jesús! ¡Por favor, ayúdame! ¡Mi niña se está muriendo! Jesús escuchó la desesperación de aquel padre y fue con él al lugar donde estaba la niña. Los gritos de las personas revelaron que había sucedido lo peor: la niña había muerto. Ese padre estaba tan triste... Pero Jesús dijo:
-No estés triste. Tu hija solo está durmiendo. ¡Jesús mostró su poder y su amor, y la niña se despertó!
Jesús salvó de la tristeza a ese padre y a su familia. Él es el Salvador de todo el mundo. También puede traer amor a tu hogar.
Mi oración: Querido Dios, te agradezco porque el Señor es mi Salvador. Mi esperanza está en ti.
Salvador: Jesucristo, que vino a ayudar a la humanidad en el momento en que más lo necesitábamos.