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En la ciudad donde vivo suele llover casi todo el mes de noviembre. El agua riega las plantas y deja el paisaje Las familias aprovechan para apreciar la belleza natural que nos brinda el Creador.
Salimos a caminar por el parque. ¡Después de la lluvia, por supuesto! Los niños corrían adelante, deteniéndose al escuchar el croar de una rana o acariciar un cachorro de alguien que pasaba.
De pronto, Giovanna se detuvo:
-¡Mira, mami! -dijo, con voz de preocupada.
Un pajarito amarillo se mimetizaba con el colorido paisaje. Estaba atrapado entre la hierba y tenía el pico abierto. Con cuidado lo sacamos de entre la hierba. El pajarito estaba asustado y no cerraba el pico.
Giovanna actuó rápidamente: tomó la botella de agua y se echó un poco en la mano. El pajarito bebió un poco.
Justo estábamos hablando de eso y dándole más agua cuando se nos escapó de las manos. ¡Voló alto y rápido! Tenía sed y necesitaba atención.
Regresamos a casa hablando sobre el cuidado del Señor. Ninguna criatura escapa al amor de Dios. Podemos quedarnos tranquilos y serenos en su inmenso amor. ¡Él nos da lo que necesitamos en el momento adecuado!
Mi oración: Señor, te agradezco por cuidar de mí y de los pajaritos también.
Serenidad: Como se ve un río después que pasa la tempestad. Sensación de paz y tranquilidad.