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Pablo fue un apóstol importante. Ayudó a predicar sobre el amor de
Jesús en varias regiones. Además de ser pastor de muchas iglesias, hacía amigos dondequiera que iba.
¿Has leído con tu familia las cartas que escribió a sus amigos? Son cartas llenas de consejos, orientaciones, elogios y, lo más importante, ¡verdadera amistad!
Dondequiera que iba, Pablo se ganaba la confianza de las personas con su amabilidad y voluntad de compartir esperanza. Nunca obligaba a nadie a pensar igual que él. En cambio, escuchaba, intentaba comprender a la gente de la región y enseñaba de manera que todos entendieran, según su cultura.
Una persona mandona, que impusiera su voluntad, no hubiera tenido los increíbles resultados que tuvo Pablo como líder. La historia de vida de Pablo nos enseña muchas cosas. Incluso en las situaciones más difíciles, como cuando fue arrestado, estuvo dispuesto a compartir esperanza a las personas que lo rodeaban. ¡Sus cartas también están llenas de palabras de aliento! Yo también quiero tener esa simpatía. ¿Y tú?
Mi oración: Señor, quiero ser un niño agradable y simpático con las personas a mi alrededor.
Simpatía: Relación de afecto; escuchar al otro, ser agradable e intentar comprender a los demás.