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La pandemia de la COVID-19 llegó inesperadamente. Recuerdo llegar a un aeropuerto y ver a muchas personas con barbijos. Después de un tiempo, eso se convirtió en algo común e importante para nuestra protección.
Se contaron muchas historias en las noticias. Sentí curiosidad al escuchar la historia de una madre que se quedó sola con su bebé. Su marido estaba trabajando en otra ciudad cuando se cerraron las fronteras y ella no podía salir de casa.
Ellos estaban en proceso de mudarse a esa otra ciudad, donde trabajaba su marido y ya habían transportado muchas cosas. Ella no tenía refrigerador, televisión, ni libros. ¡Ni siquiera se oía el ruido de los pájaros cerca de la casa!
Entonces creó una rutina: cada día le contaba una historia bíblica a su hijita. Los días fueron pasando y comenzó a tener problemas para recordar más historias.
Algunos días eran más solitarios. La única forma de hablar con su marido era por teléfono. ¡Oh, qué alivio fue cuando se abrieron las fronteras y la familia pudo reunirse otra vez!
A nadie le gusta estar solo. Por eso, Dios llenó el mundo de animales y personas, para que seamos más felices en compañía.
Mi oración: Señor, hoy te agradezco porque contigo a mi lado nunca estoy solo.
Soledad: Cuando no tenemos a nadie que nos haga compañía, con quien jugar o compartir lo que sentimos.