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En uno de los lugares donde viví, había un refrán muy conocido para referirnos a alguien que habla mucho y en voz fuerte: -Parece que nació al lado de una catarata- Yo no entendí el sentido de frase hasta que conocí una catarata. Allí, el ruido del agua que cae hace imposible escuchar cualquier otra cosa.
Veo a un niño riendo y a una niña mostrándole un animal a su madre. Decenas de personas hablan, ríen y saltan al agua, pero yo no escucho nada cuando estoy bajo las fuertes y ruidosas aguas de la catarata. Y claro, porque para que te escuchen cerca de una catarata hay que gritar o hablar muy alto, y seguramente alguien no entenderá alguna parte de la conversación.
En un mundo con tantas voces y charlas, donde a veces la gente quiere hablar al mismo tiempo, es importante hacer una pausa y silenciar ese ruido para escuchar la voz de Dios.
La voz del Señor se puede escuchar a través de su Palabra, la Biblia. ¿Quieres escuchar más la voz de Dios?
Mi oración: Señor, ayúdame a escuchar siempre tu voz.
En familia, busquen y dibujen versículos bíblicos que hablen acerca de la importancia de cuidar lo que decimos y cómo lo decimos.
Charla: Bla, bla, bla; gente que habla, habla y habla.