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El paraguas invisible de Dios

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«Pónganse como objetivo vivir una vida tranquila, ocúpense de sus propios asuntos y trabajen con sus manos, tal como los instruimos anteriormente». 1 Tesalonicenses 4:11.

El cielo estaba todo gris. Juliana y su familia agradecían al Señor por la bendición de pisar el suelo de su propio hogar. Las paredes estaban levantadas y los materiales de construcción estaban esparcidos, cubiertos por una fina lona. ¡Solo unas pocas semanas más y tendrían un techo sobre sus cabezas! Finalmente, podrían acomodar los muebles que habían comprado. Pronto la hija de Juliana tendría una pequeña habitación. ¡Incluso organizarían un estante para guardar sus muñecas y libros!

La familia ni siquiera notó el cielo gris. Todos estaban muy concentrados en la alegría de esa tarde. De pronto, oyeron un fuerte trueno y vieron el resplandor de un relámpago.

¿Y ahora? No tendrían tiempo de buscar lonas más fuertes para cubrir las cosas. Se miraron e hicieron lo que podían hacer en una situación como esa: ¡pidieron la protección de Dios! El cielo se volvió cada vez más oscuro en la otra parte de la ciudad. Vieron cómo caía la lluvia sobre la casa al otro lado de la calle, pero parecía como si un enorme paraguas invisible se hubiera elevado sobre su casa y la cuadra. ¡No cayó ni una gota!

La lluvia pasó. El vecino del otro lado de la calle se acercó corriendo a hablar con ellos. Estaba intrigado por lo que había visto desde la ventana de su dormitorio: estaba lloviendo en varias partes de la ciudad, pero donde estaba la casa de Juliana, la lluvia no cayó.

El amor de Dios nos tranquiliza en todas las situaciones, ¡incluso en las tormentas!

Mi oración: Padre que estás en el cielo, quiero que me cubras con tu amor y tu paz.

Paraguas: Utensilio portátil que sirve para resguardarse de la lluvia; protección o amparo.

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