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Hubo algunas conversaciones al amanecer, y otras al final del día. Los discípulos escucharon, un poco confundidos, mientras Jesús les decía que pronto se iría y que debían estar preparados. Esa noche fueron al jardín a orar. Jesús oró solo durante muchas horas.
Los discípulos estaban tristes porque pronto no tendrían a Jesús cerca. Pero la tristeza duró poco, apenas unos pocos días. Sufrieron mucho cuando Jesús murió, pero pronto resucitó, ¡tal como lo había dicho! Vieron a Jesús ascender al cielo, y les recordó algo que llenó sus corazones de gran alegría: él volvería.
La tristeza no dura para siempre, por muy dolorosa que sea. Ni siquiera este mundo durará para siempre. ¡Menos mal! Jesús ya está cumpliendo su promesa y construyendo para nuestras familias, en el cielo, un lugar donde nunca, nunca más lloraremos.
Mi oración: Padre que estás en el cielo, saca de mi corazón cualquier tristeza y llénalo de alegría.
¿Están guardando agradecimientos en el «frasco de la gratitud»? Hagan una lista con un motivo para estar alegre por cada mes del año y déjenla a la vista de todos, en la cocina o en la sala.
Tristeza: Ausencia de alegría; sentimiento causado por algún dolor, enfermedad, aflicción o miedo.