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La investidura del Club de Aventureros es un momento muy especial. Suele realizarse en los últimos meses del año y los niños celebran lo que aprendieron: hacen presentaciones y reciben obsequios especiales de sus líderes por su dedicación.
Observo un grupo de niños y niñas de seis o siete años. Están vestidos con sus uniformes de aventureros. Tienen su banda, pañuelo y otros elementos del uniforme que demuestran qué significa ser un aventurero.
Un niño pequeño se acerca al grupo. Él es hermano de uno de los aventureros. Todavía no forma parte del club, pero sus ojitos ya delatan su admiración y deseo de vestir también ese uniforme. La madre toma al pequeño en brazos y sonríe, mientras le acomoda el pañuelo a su otro hijo.
Recuerdo los diferentes uniformes que usé en mi vida: de escuelas, de clubes, vestidos de Navidad, etc. Los uniformes sirven para identificarnos como grupo, como miembros de algo que no es individual, sino colectivo. Allá en el cielo vestiremos ropa blanca. No sé cómo serán esas prendas, pero sé que serán hermosas, porque su significado es lo más importante: nos identifican como habitantes del Reino de Dios.
Mi oración: Padre que estás en el cielo, quiero usar el uniforme celestial.
Conversa con tu familia sobre cómo reconocemos a los seguidores de Jesús: por su comportamiento, sus actitudes y su manera de ser.
Uniforme: Vestimenta igual y estandarizada para que la gente vea y reconozca que formamos parte de un mismo grupo.