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Era el tercer ensayo del coro de niños de la iglesia y estábamos muy emocionados. Pronto interpretaríamos nuestra cantata navideña y tendríamos la oportunidad de compartir el amor de Jesús con los demás. Hubo muchos preparativos: vestidos navideños, decoración en la iglesia e invitaciones. Queríamos hacer invitaciones a mano, diseñadas por los propios niños. ¡Sería algo muy especial!
Sin embargo, lo más importante fue nuestra alabanza y adoración a Jesús. Me detuve en la parte trasera de la iglesia para comprobar el sonido. Me di cuenta de que la gente, que antes estaba ocupada sacando adornos de una caja, también se detenía. Los niños cantaban a una sola voz, con voz fuerte, al unísono. La letra de la canción hablaba de un Bebé especial que nació y fue colocado en un sencillo pesebre, pero que revolucionaría el mundo entero.
¡Qué hermoso y sincero elogio! Estoy segura de que los ángeles estaban allí alabando, con nuestro pequeño coro. Me imagino cómo Jesús sonrió allí en el cielo, escuchando nuestro amor por él en palabras y melodías.
Mi oración: Querido Dios, quiero cantar a una sola voz con los ángeles del cielo.
Unísono: En un mismo sonido, ritmo y voz. Cuando un grupo se combina en armonía, en acciones y palabras.