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Jesús llama a Mateo (Primera Parte)

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«Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió» (Mateo 9: 9).

Si quisieras construir una casa, ¿a quién contratarías? Obvio, a un arquitecto. Si quisieras un pastel, ¿a quién llamarías? Obvio, a un pastelero; pero si quisieras que alguien fuera pastor de una iglesia, ¿a quién buscarías? Por supuesto, a un pastor. Jesús quería a un grupo de personas para predicar acerca del reino de los cielos, pero hizo lo ilógico: llamó a un recolector de impuestos ladrón. ¿Por qué llamó a Leví Mateo? ¿Por qué Leví Mateo lo siguió? Analiza la segunda pregunta.

La escritura dice que Leví, dejándolo todo, lo siguió. ¿Qué es dejarlo todo? Todo es todo; es una palabra absoluta. Después de seguir a Jesús no había nada que lo atara al pasado, pero hay por lo menos cuatro cosas que Leví tuvo que dejar para seguir a Jesús.

En primer lugar, dejó su trabajo. Leví no tenía un mal trabajo, todo lo contrario, era un trabajo envidiable que más de uno hubiera querido tener. En la actualidad, muchos quieren seguir a Jesús, pero no se atreven por no querer dejar su trabajo. Ellos mismos se dicen a sí mismos: «Dios sabe que lo necesito, él me entenderá». Lo cierto es que el trabajo se ha convertido en una trampa mortal para muchos.

En segundo lugar, dejó a sus amigos. Leví invitó a todos los publicanos y pecadores a su casa e hizo una recepción para Jesús, anunciando prácticamente su separación de ese círculo de amigos al mismo tiempo que se convertía en discípulo. ¿Cómo? ¡Pero tú! ¡No puede ser! Te conocemos, tú jamás podrás cambiar». Abandonar a los supuestos amigos no es fácil, pero la verdad es que si sigues a Jesús, muchos de ellos serán los que te abandonarán. La verdadera amistad busca lo bueno para el amigo; jamás será un elemento para destruir tu salud, hogar o reputación.

En tercer lugar, dejó sus riquezas. Al seguir a Jesús abandonó casas, posesiones y cuentas, además de su influencia. Él sabía que Jesús no le pagaría nada y ni siquiera tenía dónde recostar su cabeza. La escritura dice: «Porque raíz de todos los males es el amor al dinero» (1Timoteo 6: 10). Qué triste que algunos prefieran las riquezas que seguir a Jesús para descubrir al final que nada se podrán llevar. En cuarto lugar, dejó a su familia, lo más difícil de todo. No se sabe si Mateo volvió a ver a su esposa, pero sí se sabe que viajó y murió por el evangelio.

Querido amigo, Jesús no te pide que dejes a tu familia, pero sí puede representar un obstáculo para ti. Debes meditar qué hacer cuando llegue la hora. Dejarlo todo involucra entregarlo todo a la voluntad del Señor, porque todo es por su gracia. ¿Cómo estás tú?

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