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Jesús llama a Mateo (Segunda Parte)

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«Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento» (Mateo 9: 12-13).

Ayer meditaste en cuatro cosas que Leví Mateo tuvo que dejar. No es fácil tomar una decisión de esta magnitud. Normalmente, antes de tomar un camino tan serio, piensas en sus consecuencias. ¿Será que Leví no se puso a meditar en todo lo que involucraba seguir a Jesús? ¿Cómo puede una persona dejar el trabajo, los amigos, las riquezas y la familia por seguir a Jesús? ¿No es para locos?

Leví estaba acostumbrado a ser odiado; es decir, no era una persona que todos apreciaban porque su trabajo lo desacreditaba. Casi puedo escuchar los apodos que le gritaban: «¡¿Qué tal, ladrón?! ¡¿Cómo te va, estafador?! ¡¿Cuánto te robaste hoy, sin vergüenza?!» En medio de todo esto apareció Jesús, la persona que él menos esperaba. Había escuchado de sus milagros, de su popularidad, de todo lo bueno que la gente hablaba de él, y pensaba: «¿Cómo se va a fijar en mí? Él llama solo a los buenos y no a personas como yo». ¡Pero ahí estaba con una mirada tierna, compasiva, comprensiva y amorosa diciéndole: «Levántate y sígueme»!

Puede ser que todo el mundo te rechace, que tus apodos reflejen lo que la gente piensa que eres, que nadie crea en ti y ni siquiera tú mismo. En ese caso, te tengo una buena noticia: Jesús no piensa como todos, él te conoce, sabe dónde vives, cómo piensas, qué haces y cómo hablas. Lo grandiosos de todo es que a pesar de tus imperfecciones, ¡él te ama! ¿No es increíble? Leví Mateo vio su oportunidad y no titubeó. Toda la gente lo había etiquetado, pero Jesús sabía quién era él en el fondo.

¿Por qué te llama Jesús? No hay mucha explicación; no te llama por tu inteligencia, por los logros académicos, por las riquezas, por lo guapo que seas, por lo bueno o por lo malo que hagas. Él te llama por una simple razón: porque te ama. No te llama por lo que eres, sino por lo que puedes llegar a ser en sus manos.

Apreciado amigo, no importa cómo te sientas ni lo que la gente piense de ti, Jesús te conoce bien. Escucha su voz y ve que en sus ojos no hay una mirada de reproche ni de odio; su mirada es de amor. No importa lo que eres o lo que fuiste, lo que importa es lo que Jesús hará de ti contra todos los pronósticos, porque todo es por su gracia.

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