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Seguramente te has preguntado en más de una ocasión cuándo vendrá Jesús. Incluso puede que hayas escuchado a las personas preguntarse unas a otras: «¿No sabes que ya se va a implementar la ley dominical? ¿Ya escuchaste que en el próximo año colocarán la marca de la bestia? ¿Ya escuchaste al pastor o al predicador muy bueno de profecía que dijo que Jesús viene en tal fecha?».
Los rumores parecen interminables, pero lo cierto es que la Escritura no ha cambiado. La Biblia sigue diciendo: «No sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor». Apartarse de este hecho es especular, caer en terreno peligroso, pues es fácil, emocionante y hasta deseable para muchos ser sensacionalista, queriendo que todo el mundo esté pendiente de lo que dicen, porque ellos saben más que todos los demás, porque entienden mejor las profecías y, por tanto, se convierten en una autoridad. Pero la palabra de Dios sigue diciendo: «Porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis».
Se ha sido testigo de muchos que osaron asignarle una fecha a la segunda venida de Cristo, solo para que quedaran avergonzados. No existe ser humano que conozca esto, ya que no le fue dado al hombre este privilegio, pero siempre ha habido, hay y habrá quienes, pretendiendo tener nueva luz, torcerán las Escrituras para hacerlas decir lo que el Señor no dejó revelado.
Debes estar atento a lo que el Señor dice y permanecer vigilante. ¿Qué quiere decir Dios con esto? ¿Significa estar en los techos vigilado el espacio sideral para ver a qué hora aparece el Señor? Por supuesto que no. El Señor desea que estés atento a su palabra, a las señales que él dejó reveladas, pero siempre con la confianza de que es él, Dios mismo, quien conoce el día y la hora.
A ti te corresponde prepararte para encontrarte con él, porque su venida no está más lejos que el día de tu muerte, algo que tampoco se sabe, pero que es seguro que pasará. Un instante después, se verá al hijo de Dios viniendo en gloria y majestad. Es por eso que hay que prepararse como si Cristo viniera mañana, pero vivir como si viniera dentro de 100 años; es decir, estar siempre listo para estar con él, viviendo como una persona perdonada, en paz con Dios, ordenada, servicial y conforme a su palabra, porque todo es por su gracia.