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No se haga mi voluntad, sino la tuya

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«Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú » (Mateo 26: 39).

<Mi alma está muy triste, hasta la muerte». Qué descripción tan conmovedora. El Rey del universo, el Todopoderoso, se encontraba en agonía. Nadie podía comprender lo que estaba experimentando. Sus labios exclamaron: «Padre mío, si es posible, pase de mi esta copa». Algunos escritores inspirados concuerdan que la salvación de la raza humana pendía de un hilo. El Salvador podía decidir no morir y quedar separado del Padre, podía decidir no morir y la salvación del hombre estaría perdida.

Sin embargo, su amor por la humanidad fue mayor que el sufrimiento de la separación por la muerte: Jesús tomó la decisión de morir en tu lugar. La Escritura registra que gotas de sangre caían de su rostro y que había librado una gran lucha en donde decidió el futuro de la raza humana: de la perdición a la vida, de la condenación a liberación, de la muerte a la salvación.

Tú y yo no habíamos nacido, pero Jesús ya nos había amado sin importar la raza, el color, la lengua, la nacionalidad o cualquier otro distintivo humano. Jesús decidió tomar la copa, y con ello toda deuda estaba pagada y toda culpa saldada. El hijo de Dios se dio por ti por medio de una decisión hecha en el Getsemaní. La consumación de la salvación se realizó en la cruz del calvario.

Exhausto por la lucha librada, el Señor se acercó a sus discípulos y los enccontró adormilados, desorientados, sin tener conciencia de lo que estaba pasando en el escenario cósmico. Entonces Jesús les preguntó: «¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora?». El Señor estaba completamente solo, los que podían ayudarlo ni siquiera comprendían la magnitud del suceso.

Quizá alguien esté dispuesto a morir por algún inocente, pero Jesús murió por los culpables, murió por los drogadictos, por las prostitutas, por los mercenarios, por los asesinos y por toda la escoria humana como también murió por los educados, por los piadosos y por los buenos. Todos fueron redimidos en el Getsemaní. Puede ser que no te importe y que al igual que los discípulos ni siquiera tengas conciencia de lo que esto signifique. Puede que vivas tu vida siendo indiferente a Dios porque no te parece que lo necesites, pero recuerda: no estás perdido, Jesús murió por ti. En algún momento de la vida lo necesitarás. Puede ser cuando estés solo, desesperado, sin saber qué hacer. Voltea a ver a Jesús tu salvador; él ya hizo provisión y lo decidió antes de que nacieras, porque todo es por su gracia.

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