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Una de las avenidas del alma que Satanás más ha atacado es la vista. Por donde sea que se mire hay anuncios espectaculares, páginas, libros, revistas y personas que ofrecen innumerables tentaciones hacia los ojos, especialmente evocando la sensualidad de la mujer para atraer el apetito sexual del hombre.
Las jóvenes quieren verse bonitas y para ello usan vestimenta atrevida para atraer las miradas de los caballeros, los cuales se fijan en ellas no para admirar su belleza, sino para dar rienda suelta a su imaginación sexual. El Señor te recuerda en los evangelios: «Cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón». ¿Quién es el culpable? ¿La codicia desmedida de los empresarios? ¿La vanidad de la mujer? ¿La lascivia del hombre? La maldad está en el corazón; es decir, en la mente de aquellos que se alejan de la única fuente de bien: Cristo Jesús.
El evangelio menciona de forma contundente: «Si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo». Obviamente, el Señor no quiere un mundo de ciegos o de tuertos; lo que él quiere decir es que hay prioridades. Es mejor obedecer a Dios que perderse. Vencer la tentación de mirar lo prohibido no es fácil porque los seres humanos son pecadores por naturaleza. Hacer lo malo es lo que agrada, ver lo que enciende las pasiones carnales es parte de la naturaleza humana, pero ¿qué hacer?
El Señor te da la salida: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es» (2 Corintios 5: 17). Tu única oportunidad es Cristo, su presencia cambia tu naturaleza, su santo Espíritu modifica tu tendencia y solo él es capaz, nadie más. Con él, tu vida se llenará de luz, tus ojos verán lo que es grato, buscarás lo bueno no por ti mismo, sino porque él vive en ti.
¿Cómo te encuentras? ¿Qué tan desesperado es tu caso? Ven a Jesús porque lo que es imposible para el hombre es posible para Dios. Cada mañana podrás escuchar la voz del Señor que te dice: «Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda» (Isaías 30: 21), pon tus ojos en él y tus pasos estarán seguros, porque todo es por su gracia.