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El matrimonio pareciera estar en peligro de extinción. Una institución en la que día con día muchos dejan de creer, como si pensar en el matrimonio resultara anticuado y hasta antifuncional. Lo cierto es que el modelo, como Dios lo estableció, ha sufrido muchos cambios, por lo que se han cosechado sus respectivas consecuencias. Dios estableció como matrimonio la unión de un hombre con una mujer para ser una sola carne. Esta unión daría como resultado hijos que crecerían bajo el amparo de un hogar de acuerdo con el modelo de Dios.
Sin embargo, ahora hay hogares con un solo padre o madre o con una mujer y un hombre divorciados que vuelven a reconstruir un hogar separado con sus respectivos hijos. Asimismo, la sociedad ha permitido que las personas de un mismo sexo sean unidas en matrimonio para poder formar un hogar.
La Biblia sostiene que el hombre dejará a su padre y a su madre para allegarse a su mujer a fin de ser una sola carne. El Creador nunca diseñó un matrimonio para que este se divorciara. Ser una sola carne no solo involucra la unión sexual entre un hombre con su esposa, sino que evoca también una relación profunda que toca la parte física, mental, social y espiritual de cada uno. Ser una sola carne compromete los sentidos y la razón. La pareja llega a tener el mismo propósito de pensamiento, comparte sus sentimientos a profundida sus sentimientos, disfruta placenteramente su relación física, tiene una adoración íntima con el Dios que le da sentido a su vida y tiene esperanza ante el porvenir y respuestas a los acontecimientos de la vida con relación al hacer y ser del ser humano en la tierra.
Cuán difícil es separar a una pareja que vive en una sola carne conforme al modelo de Dios. La separación representa la muerte de una parte del mismo cuerpo, y es por esto que muchos de los que quedan viudos o viudas les cuesta tanto trabajo seguir adelante; parte de su yo ha muerto. No obstante, aún tienen la esperanza de saber que algún día volverán a encontrarse con su otra mitad para seguir siendo una sola carne.
Si tu matrimonio está lejos de ser una sola carne, acércate al autor y diseñador del matrimonio. Él tiene las respuestas de cómo curar la relación con tu pareja. No permitas que los sentimientos negativos (como pensar que será imposible cambiar la situación o que mejor será que tu cónyuge fallezca) aniden en tu mente, pues Jesús puede hacer de tu matrimonio una sola carne, porque todo es por su gracia.