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Para los que creen que Dios es el creador de todo lo que existe, incluyendo el hombre, hay por lo menos tres maneras de llegar a la existencia como ser humano. La primera se observa en Adán y Eva al haber sido creados por Dios; no fueron concebidos en la matriz de una mujer. La segunda se observa en todos los que han nacido del vientre de su madre al ser concebidos por su padre. La tercera y última es especial. Dios diseñó un plan milagroso para que su hijo, Jesucristo, naciera como humano. La Biblia registra la conversación entre el ángel y María como lo puedes ver en el versículo de hoy.
Jesús no tuvo un padre terrenal, pero sí una madre terrenal. Fue un milagro no concebido en la mente del hombre para traer al mundo al Dios hecho hombre. Los teólogos como Oscar Cullman han llegado a criticar esta concepción argumentando que si Jesús no tuvo padre terrenal, entonces debió ser mujer, ya que María solo tenía cromosomas XX. Por tanto, el producto tuvo que haber sido una mujer.
Puede haber muchos críticos intentando desacreditar el relato bíblico, pero lo cierto es que tanto en los planes de Dios para la salvación del hombre como para la vindicación de su carácter perfecto se requería un ser sin pecado, santo, perfecto, puro, el cual se logra en la persona perfecta de Jesús. Al mismo tiempo, se requería un hombre que pudiera soportar las pruebas como hombre, de modo que pudiera entender a los humanos, condolerse y compadecerse de ellos. Se requería a alguien fuera según la semejanza del hombre, algo que también se logró en la persona de Jesús.
Dios se hizo carne, habitó con los mortales, vivió por ellos, sufrió por ellos y murió por ellos para que pudieran tener la vida eterna por sus méritos. ¿Te puedes imaginar esto en un escenario cósmico? Imagina a un Dios ejecutando cada plan de forma detallada para que tú y yo seamos salvos. El santo Ser que nació lo hizo todo por amor a ti. Qué importa si el Señor tuvo o no tuvo ventajas sobre los humanos. Lo importante es que él quiso tomar tu lugar, pagar tu culpa y vivir por ti (pero sin pecado) con el objetivo de que hoy tengas vida y esperanza, porque todo es por su gracia.