|
¿Cuánto tiempo has orado continuamente? ¿Media hora, una hora, tres, cuatro? ¿Cuánto? Lo cierto es que muy pocos pueden pasar una noche orando. No están acostumbrados y muchas de las oraciones parecieran tener una fórmula: «Padre nuestro que estás en los cielos, gracias por el día, bendice a mi familia, cuida de mis hijos, ayúdame en este día. En el nombre de Jesús, amén».
Pero ¿por qué la experiencia propia de orar con el Señor es tan limitada? Puede tratarse de muchos factores; sin embargo, creo que uno de los principales es que no hay confianza con Dios. No se sabe qué contarle, qué hablar con él, así como también no se aparta el tiempo para orar. Podría agregar que la tibieza espiritual genera una apatía y desgano para orar.
Orar con Dios es como hablar con un amigo. ¿Te puedes imaginar cuánto tiempo para hablar necesitan dos buenos amigos? Y todavía más, ¿cuánto tiempo requieren dos buenas amigas? Por supuesto, mucho. Entre amigos se puede pasar horas y horas hablando; pareciera que el tiempo se detiene porque hay tanto que contar y, al final, ambos se sienten descansados, satisfechos, felices y llenos.
Eso es conversar con Dios. Jesús ofreció un ejemplo muy claro cuando estaba a punto de escoger a sus doce discípulos. ¿A quién elegir? ¿Sería Pedro una buena opción? Hay tanto que corregir en él. ¿Qué riesgos había si llamaba a Leví? Está acostumbrado a robar; qué difícil situación. El Señor, siendo Dios, se tomó toda una noche para hablar con su Padre y analizar cada detalle de los candidatos a discípulo. Había tanto que pensar: mirar la condición actual, el futuro de la misión, el establecimiento de la Iglesia, entre otras cosas, que el Señor habló con su Padre no solo esa noche; su vida era una vida de oración. Con justa razón te recuerda que ores sin cesar para que no caigas en tentación.
¿Cómo esta tu vida de oración? Con mucha oración hay mucho poder; con poca oración no hay deseo ni de seguir adelante. Toma unos minutos para reflexionar y analiza tu situación. Dios quiere ayudarte, él quiere ser tu amigo porque hay mucho que te quiere decir. Empieza tu ejercicio de oración con 5 minutos, luego aumenta a 10 y después agrega otros 10 hasta que el tiempo sea imperceptible. Habrá tanto que decir que tu vida se convertirá en una vida de oración. Recuerda que todo es por su gracia.