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¿Te has sentido alguna vez tan culpable que lloras de tristeza? ¿Tan desanimado que ya no quieres seguir? La culpa es un sentimiento que puede generar desanimo, vergüenza, dolor, tristeza y depresión a tal punto que puede llevar a una persona hasta la muerte.
El rey David lo clarifica así en el salmo 32: «Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día [...]. Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad». La mujer pecadora cargaba con todo eso en su corazón. Acercarse a Jesús fue un alivio inmenso, pero no ser rechazada fue un bálsamo curativo; sin embargo, escuchar de los labios del Señor «estás perdonada» fue la liberación de su alma. ¿Cómo podía Simón comprender esto? Aunque él era responsable de una parte de los pecados de esta mujer, nunca podría entender lo que había en el corazón arrepentido de esta dama.
Jesús, quien conoce los pensamientos internos, le preguntó a Simón: «Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos [...]. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más?» (Lucas 7: 41-46). Simón, sin titubear, contestó: «Pienso que aquel a quien perdonó más». Jesús le dijo: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas esta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos [...]. No ungiste mi cabeza con aceite; mas esta ha ungido con perfume mis pies».
¿Cómo te sientes? ¿Qué te persigue? ¿Qué escondes? ¿Qué hay en tu vida pasada? ¿Cuánto dolor sientes? ¿Por qué estás así? Ven a Jesús, él conoce tu vida y conoce tus pensamientos. Acércate a él, porque será un alivio; tócalo, porque será un bálsamo a tu alma. Verás que cuando escuches de sus labios: «Tus pecados te son perdonados», será una liberación para tu vida. Un nuevo amanecer empezará en ti, la tristeza se convertirá en gozo, el lloro en risas y la depresión en deseos de vivir.
Satanás desea tenerte atrapado, quisiera verte hundido en la culpabilidad, pero Jesús murió por ti. Él ha pagado la deuda y nada hay que añadir, porque sus brazos están listos a recibirte con amor.
No te hundas más, jamás pienses que tu caso no tiene perdón. No hay en el mundo culpa tan grande que Dios no pueda perdonar ni pecador tan hundido que no pueda rescatar. El enemigo te hará recordar todos tus pecados, sugiriendo que son demasiado graves como para ser perdonados, pero Jesús sigue con la misma pregunta en sus labios: «¿Quién ama más?», a quien más se le ha perdonado. Recuerda que todo es por su gracia.