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Jesús calma la tempestad

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«Y vinieron a él y le despertaron, diciendo: ¡Maestro, Maestro, que perecemos! Despertando él, reprendió al viento y a las olas; y cesaron, y se hizo bonanza» (Lucas 8: 24).

Después de un largo día de trabajo, Jesús entró a la barca con sus discípulos, buscó un lugar cómodo y descansó plácidamente. El lago o mar de Galilea no es muy grande, apenas tiene alrededor de 13 kilómetros de ancho de largo y, sin embargo, está ubicado en una cuenca en medio de montañas, creando un corredor natural de aire entre Israel y Siria, de manera que las tormentas pueden hundir las embarcaciones pequeñas.

Los discípulos lucharon con la tormenta, ya que estaban acostumbrados a este tipo de situaciones. La mayoría eran pescadores expertos, pero aun así la tormenta era tan feroz que empiezaron a hundirse. ¿Qué harías si estuvieras ahí? Intenta imaginar lo que hacía Pedro: seguramente le daba órdenes a todos. Es posible que Tomás se hubiera estado preguntando si se salvarían. Juan y su hermano quizás se encontraban maldiciendo el momento en que se subieron al barco. Judas podría haberle estado abriendo algún agujero a la barca para que se hundiera de una vez.

¿Pero tú qué harías? Mejor dicho, ¿qué haces cuando enfrentas una tormenta personal? ¿Qué haces cuando enfrentas una tormenta familiar? ¿Qué haces cuando enfrentas una tormenta en tu iglesia? ¿Corres, abandonando a los demás? ¿Maldices porque no encuentras soluciones? ¿Dejas la Iglesia porque piensas que allí solo hay problemas?

¿Los discípulos no se habían olvidado de alguien? Todos luchaban en la desesperación. No fue sino hasta que ya no había solución cuando fueron a despertar a Jesús, gritándole: «¡¿Maestro, no tienes cuidado que nos hundimos?!» El Señor reprendió al viento, calmó al mar y vino una gran calma. ¿Qué haces con tus tormentas? No lo sé, pero Jesús sigue en tu barca. Él sabe cuándo batallas y sabe cuándo luchas hasta el punto de la desesperación. Solo espera para ver hasta cuándo te acuerdas de él.

No hay nadie más interesado en ayudarte que Jesús, pero no se va a entrometer en tu vida si tú no quieres. Te busca pacientemente, está a tu lado en cada momento, sabe cada una de tus batallas y espera que le permitas ayudarte. El Señor quiere hacer tu camino más fácil en este mundo, pero lo que más desea es salvarte eternamente. Ven a Jesús, el experto en calmar tormentas, porque todo es por su gracia.

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