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En muchas ocasiones, los pedidos del señor Jesús no tienen lógica. En este pasaje de la Escritura en particular pareciera que así es. Sin embargo, no es así; hay mucha enseñanza en las órdenes de Jesús.
El Señor organizó a sus discípulos de dos en dos, dándoles indicaciones tales como «en cualquier casa donde entréis, primeramente decid: Paz sea a esta casa», «en cualquier ciudad donde entréis, y os reciban, comed lo que os pongan delante», «mas en cualquier ciudad donde entréis, y no os reciban, [...] decid: Aun el polvo de vuestra ciudad, que se ha pegado a nuestros pies, lo sacudimos contra vosotros» (vers. 5-11).
Hay un común denominador en las indicaciones de Jesús: «El reino de Dios se ha acercado a vosotros». El Señor se encontraba como él mismo dijo: en medio de lobos. Había un reino establecido terrenalmente -Romay había un rey en dicho imperio: César.
El mensaje del Señor era revolucionario porque se trataba del establecimiento de otro reino, del reino de los cielos, del reinado de otro rey, Jesucristo. ¿Cómo podían ir los discípulos anunciando semejante noticia? Serían presa fácil del ejercito romano, ya que los caminos habían sido hechos por Roma para el tránsito de su ejército a fin de cuidar y sostener al imperio; por tanto, era necesaria una estrategia para la misión. Piensa por un momento que una pareja de discípulos se encuentra en el camino. «¿A dónde van?», les preguntan. «A establecer el reino», contestan. ¿Cuál reino? ¿Hay un nuevo reino? ¿Quién es su rey?
Las indicaciones dadas por el Señor respondían al contexto de su tiempo. Era la estrategia a seguir; los gobernantes no pudieron entender qué significaba el reino de los cielos. Cuando Jesús estaba frente a Pilato, este le preguntó: «¿Eres tú rey?».
El reino de Dios no tiene territorio porque su misión es para todo el mundo y el lugar del establecimiento es el corazón de los hombres. ¿Cómo podrían entender esto los gobernadores romanos? ¿Cómo puedes entenderlo ahora? Eres ciudadano de un país terrenal, pero si has aceptado a Dios como salvador, eres ciudadano del reino de los cielos, embajador de Dios en la tierra. Tu deber es establecer su reino en cada corazón que no lo conoce. ¿Quieres ser un embajador del reino de los cielos? Todavía más, ¿quieres ser un ciudadano del reino de Dios? Recuerda: todo es por su gracia.