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La parábola del buen samaritano deja lecciones muy importantes para ti como un individuo, como una iglesia y como una sociedad. El maestro de la Ley preguntó: «¿Quién es mi prójimo?», razón por la cual el Señor cuenta la historia. del buen samaritano.
Ahora bien, hay elementos importantes en la historia que se deben analizar: el herido, el sacerdote y el levita eran judíos, no se conoce el origen de los ladrones y el samaritano ya se sabe que era de Samaria. Primero, si estuvieras herido, siendo adventista, ¿de quién esperarías ayuda? ¿Del pastor? ¿Del anciano? ¿De los amigos de la iglesia? ¿De quién no esperarías ayuda? Segundo, ¿con qué personaje de la historia te identificas? ¿Con los ladrones? ¿Con el sacerdote o con el levita? ¿Con el mesonero? No creo que alguien se identifique con la cabalgadura, pero claro, todos querrán identificarse con el samaritano.
Los samaritanos eran odiados por los judíos, considerados escoria, ladrones, embusteros, pecadores y ningún judío en su sano juicio esperaría recibir ayuda de un samaritano, pero sucedió. La historia fue real; una bofetada con guante blanco al orgullo judío.
Imaginate al herido, temblando y moribundo cuando de pronto vio al levita. ¿Qué pensaría? «¡Gracias a Dios! Un levita es mi salvación». Pero no pasó nada. Después vio a un sacerdote. «¿Un sacerdote? ¿No estoy soñando? ¡Sí, es un sacerdote!». Pero tampoco pasó nada. De pronto, vio a un samaritano. «Hasta aquí llegué. Seguramente me va a terminar de matar». ¿Qué más podía esperar aquel hombre de un samaritano?
Puedes recibir ayuda de quien menos lo esperas. El Señor no ve el formalismo ni los extraordinarios cultos de iglesias que puedan aparentar solemnidad y piedad. Lo que Dios ve es el corazón, conoce tus motivos y tus acciones. Por eso muchos concuerdan que en el cielo habrá sorpresas. Las personas que jamás pensaste que se salvarían estarán allá y no verás a las personas que esperabas en el cielo. ¿Y tú y yo? ¿Estaremos en el cielo?
El cristianismo no se vive en los templos, se vive en el hogar, en la calle y en el trabajo, con aquellos que no te pueden devolver el favor. ¿Quién espera ayuda de ti? ¿De quién esperas ayuda? ¿Quién es tu prójimo? Recuerda que todo es por su gracia.