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No te preocupes

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«Dijo luego a sus discípulos: Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis. La vida es más que la comida, y el cuerpo que el vestido » (Lucas 12: 22-23).

Hace algún tiempo los jóvenes acuñaron una frase para describir a quienes eran un poco desesperados, «no te aceleres». ¿Qué es acelerarse? Actuar impulsivamente, actuar con poco juicio y sin razón. ¿Qué pasa cuando un conductor va por la carretera a más de 140 kilómetros por hora? ¿Cómo va? Va tenso, aferrado al volante, con los ojos fijos en la carretera. Tiene que ser así, porque cualquier distracción lo puede llevar a la tumba.

Algunos van conduciendo su vida por el mundo de esta manera. Están tan acelerados que chocan con todo: con la esposa, con los hijos, con los amigos, con los compañeros de trabajo, con las personas que se encuentran en la calle y más. Las consecuencias son lógicas: acaban desesperados, sin paz mental. Todo porque quieren acumular lo más que puedan materialmente para al final encontrarse con la muerte y no llevarse nada.

El Señor les dijo a sus discípulos que no se preocuparan, que miraran a las flores del campo y «cómo crecen; no trabajan, ni hilan; [...] ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos». Necesitas mirar, ¿pero cómo puedes mirar si vives acelerado? Es imposible. Si bajas la velocidad lo suficiente, te dará tiempo para ver todas las bendiciones de Dios: mirarás con nuevos ojos a tu pareja, velarás por el sueño de tus hijos, apreciarás las cosas lindas de la vida que Dios te ha dado y las cosas lindas que normalmente no se consiguen con dinero.

¿Quién podrá añadir a su estatura un codo por mucho que se acelere? Hay cosas que no se pueden cambiar y por las cuales no debes preocuparte. No puedes cambiar el clima, a los compañeros de trabajo, a la suegra, a la pareja ni a ti mismo. El único que puede cambiarte es Jesús, quien te dice «no te preocupes; no te aceleres, deja las cosas en mis manos» Él te puede ayudar, porque lo más importante es que lo busques; lo demás vendrá por añadidura. ¿Cómo está tu vida? ¿Cuán acelerado vives? ¿Hace cuánto que no tienes tiempo para mirar? Detente un momento y haz una pausa. Las cosas pueden cambiar radicalmente si tan solo le das una oportunidad a Jesús, porque todo es por su gracia.

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