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La mitad de mis bienes doy a los pobres

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«Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado» (Lucas 19: 8).

A los seres humanos generalmente les gusta etiquetar a las personas: el tacaño, el gordo, el enojón, la chismosa..... la lista se hace interminable. Con esta actitud se presupone que esa persona siempre será así cuando quizá esto no sea del todo cierto. Aun así, ya se ha formado una imagen mental de él o de ella que será difícil de cambiar. Hay que dar gracias a Dios porque él no te ve como la gente lo hace, sino que siempre te ve como podrías llegar a ser en sus manos.

Zaqueo estaba etiquetado como un ladrón, un embustero, un aprovechado, un enano, en fin, todos los sobrenombres que te puedas imaginar. Él conocía muy bien de su condición, sabía que no era querido y había visto más de una vez las miradas reprobatorias y llenas de rencor contra él. Sentía pena por sí mismo, pero al mismo tiempo sentía la necesidad de llenar su vida con algo más que el dinero. Había escuchado de Jesús -su fama no podía ser pasada por altoy tenía un ferviente deseo de verlo. ¿Pero cómo? Para los que son de baja estatura, su mente busca siempre alternativas hasta encontrarlas.

Sin titubear se subió a un árbol que estaba por donde iba a pasar Jesús. Nunca se hubiera imaginado que también Jesús quería verlo, ya que este se detuvo justamente bajo el árbol y contempló al hombre aferrado a las ramas (quizá hasta le pareció cómico). «Date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa». Estas palabras fueron música para sus oídos. Rápidamente bajó y corrió a casa para recibir a Jesús. En este encuentro entregó cuadruplicado todo lo que había robado y repartió la mitad de sus bienes, así como también entregó su corazón.

¿Cómo te llaman? ¿Qué etiqueta tienes? Ten la seguridad de que a Dios no le preocupa cómo las personas te juzguen o te consideren. Dios sabe en dónde estás trepado, conoce tus luchas y te busca. En el fondo de tu corazón, sabes que también necesitas de Dios. Deja tu orgullo a un lado, encuentra la mirada de Jesús escucha lo que te dice: «¡Baja! Hoy es necesario que yo cene en tu casa». Jesús cambiará tu vida y salvará a tu familia porque cuando él llega a casa, todo cambia porque todo es por su gracia.

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