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Muchos teólogos y escritores están de acuerdo en que este versículo es el más conocido de la Biblia. Esta declaración no fue dada a una multitud como en la alimentación de los cinco mil ni tampoco a un grupo preferido del Señor, sino a una persona que desesperadamente quería conocer la verdad.
Nicodemo, uno de los maestros e integrantes del sanedrín de los judíos, vino a Jesús de noche para no ser visto por sus colegas. Fue después de una charla entre ambos que el Señor le compartío el mensaje del versículo de hoy. Quiero resaltar la declaración «de tal manera amó». ¿Cómo comprender esto? ¿Cómo nace el amor en el contexto humano? Sin lugar a duda, el amor nace de una relación entre dos seres que de manera consciente y voluntaria entran en una amistad que va creciendo con el tiempo hasta convertirse en amor.
El amor también puede surgir de un trato amable. Es fácil amar a una persona que te trata bien, aún más si esa persona tiene valores que hacen que se le etiquete como alguien bondadoso. ¿Pero cómo amar a alguien que no solo es malo, sino que ni siquiera conoces?
Cuando Dios dice que ama al mundo está abarcando a toda la humanidad. Abarca a los amarillos, a los negros, a los blancos, a los morenos, a los altos, a los bajos, a los niños, a las mujeres, a los jóvenes, a los adultos y a todos los seres humanos. No importa si son buenos o no, el amor de Dios es incondicional y se lo da aún a aquel que a juicio propio no es merecedor de dicho amor.
¿Amar al drogadicto? ¿A la prostituta? ¿Al narcotraficante? ¿Al asesino? ¡No puede ser! Lo que este tipo de persona necesita es un reformatorio, ir a la cárcel. Es más, si es posible, desaparecerlos del planeta y que solo queden los buenos.
¿Cómo entender que Dios ama a todos? ¿Bajo qué dimensión? ¿Los amará de forma retórica? ¿Los ama solo para decir que es un Dios bueno, aunque en realidad lo que quiere es que se pierdan? ¡Absolutamente no! ¡Mil veces no! La misión de Dios es salvar; su plan de redención no tiene límite. Diseñó el programa de manera que nadie esté demasiado lejos para salvarlo, a tal punto que declara: «Mas cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia» (Romanos 5: 20).
En un país tan inseguro como México, a veces he querido tener el poder para hacer que todos los malos, al chasquido de mis dedos, les diera un paro cardiaco. De esta forma, la sociedad se libraría de tanto sufrimiento porque amanecerían muertos los secuestradores, los asesinos, los violadores y todos los malos. Sin embargo, a pesar de que Dios sí tiene el poder, no lo hace por el simple hecho de que los ama. No pierde la esperanza de que se arrepientan para salvarlos. Su misión es amar y salvar, porque de tal manera amó Dios y porque todo es por su gracia.