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Con un juicio clandestino, rápido y a todas luces arreglado, ahora Jesús se encontraba frente al magistrado romano, el sanedrín lo habia entregado con la finalidad de conseguir que fuera condenado a muerte.
Pilato había escuchado mucho de este hombre. Su propia esposa le había mandado a decir que no tuviera nada que ver con él. Había muchas interrogantes en su cabeza y sus conceptos de justicia lo impulsaron a luchar por intentar salvarlo. Ante esta circunstancia, Pilato le pregunta si él era el rey de los judíos. El Señor serenamente le contesta: «Mi reino no es de este mundo». Por supuesto, el reino de Dios no tiene territorio; no se puede encontrar en ninguna parte del mundo. Cuando el Señor envío a los 70 de dos en dos a proclamar su reino, estos lo hacían de casa en casa, de ciudad en ciudad. El reino de Dios, basado y fundado en el amor, tiene un lugar de establecimiento. No entra con espada y su conquista no se basa en someter al enemigo, sino que se establece con amor en cada corazón que reconoce que Jesucristo es su salvador.
De manera que el reino de Dios está en todo el mundo, en cada corazón que ha abierto sus puertas a la salvación. El Espíritu Santo sigue su agenda, conquistando corazones día con día en México, en Estados Unidos, en Brasil, en China, en Rusia y en todo lugar. El propósito de Dios fue diseñado para restaurar. Antes de que cualquier mensajero llegue a cualquier corazón de cualquier parte del mundo, el Espíritu Santo ya está ahí. Establecer el reino de Dios -Âque ha sido diseñado y planeado para redimir y restaurar - es el propósito principal.
Pilato no pudo entenderlo. Tampoco se arriesgó salvando a Jesús de la muerte temporal. Muchas personas tampoco lo entienden. Ser parte del reino de Dios es vivir como extranjero en tu propio país como un embajador del reino de Cristo. No intentes que todos te entiendan porque no será posible. Más bien quizá te vean como bicho raro, como gente extraña que se viste diferente, come diferente, vive diferente y, por supuesto, piensa diferente. Esto es normal, ya que estás viviendo en medio de otro reino.
Pronto, este reino invisible se volverá visible. Pronto, tu Rey reinará para siempre contigo. Ese día está más cerca de lo que piensas, así que sé paciente y recuerda que Jesús ha dicho: «Mi reno no es de este mundo». Porque todo es por su gracia.