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Has escuchado la declaración: «Nada sucede por casualidad»? En la vida del cristiano esto se cumple fehacientemente, así que resulta obvio que en la vida del señor Jesús esto era una continua realidad; su vida era la providencia manifestada. El Todopoderoso ejerció su soberanía absoluta en cada detalle de la vida de Jesús. Algunos llegan a pensar sobre todo en los momentos críticos del juicio vituperio y en la crucifixión de Jesús, en la que los miembros del sanedrín tenían el control. Pero muy lejos de la realidad se encuentra el pensamiento de que el Señor mantenía el control de todo cuanto pasaba y pasaría.
Cuando Pilato llevó a Jesús al pretorio, lo puso frente a toda la multitud e hizo la siguiente declaración: «¡He aquí el hombre!». Pilato jamás consideró el significado de sus palabras. Para él no fue sino una presentación más, pero Dios tenía el control. El Rey del universo, el creador de la vida, el Dios todopoderoso había sido presentado ante sus criaturas como uno de ellos, como «el hombre». No había en su parecer algo que dijera lo contrario. Jesús era un hombre porque Dios se hizo hombre. El Rey del universo se vistió con la túnica de la humanidad para ser hombre.
Como hombre padeció hambre, sed, cansancio, dolor, sufrimiento, tristeza, llanto y agotamiento; todo lo que la carne pueda padecer, él lo sintió porque era un hombre. La Biblia lo dice una y otra vez: «Porque de tal manera amó Dios al mundo» (Juan 3: 16), «porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores» (Hebreos 7: 26). Dios dejó su divinidad, como dice el apóstol Pablo, y se vació así mismo tomando forma de siervo. Como hombre, Jesús rescató al hombre. Vino a salvar lo que se había perdido; donde Adán fracasó, Jesús triunfó, algo que a Adán le fue imposible hacer. Jesús tomó tu lugar como hombre para vencer al pecado, a fin de que tuvieras la garantía de ser salvo por siempre.
Pilato no meditó en el alcance de sus palabras, pero hizo la declaración más extraordinaria de la vida: declaró ante la humanidad y el universo el plan salvífico de Dios mismo hecho carne.
Ese hombre volverá a venir y traerá sus marcas de sufrimiento, pero para ti y para mí serán las marcas de salvación, las marcas de liberación, las marcas que dan fe de que Jesús se hizo un mortal por amor a todos. Tu hermano mayor, el Dios-hombre, lo arriesgó todo por una simple razón: te ama tanto que vino a salvarte y te ama tanto que ya te ha salvado, porque todo es por su gracia.