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¿Cómo es que nos habla cada uno en su idioma?

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«Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?» (Hechos 2: 7-8).

¿Has escuchado alguna vez la declaración: «Dios a quien llama capacita»? Es posible que sí. Por supuesto, este es un hecho innegable. El Dios de la misión quien continuamente está buscando personas para proclamar su gran amor a la humanidad se complace en capacitar a todo aquel que anhela participar de la proclamación de su reino.

Sin embargo, este evento en particular también conmemora el cumplimiento de la profecía del profeta Joel con relación al derramamiento del Espíritu Santo. Pedro, predicando a la multitud llena de admiración, les habla acerca de las Escrituras con relación a esta profecía. Las personas no entendían lo que pasaba. Conocían a muchos de ellos, sabían que no eran bilingües o políglotas, pero ahora los escuchaban hablar en su propio idioma. El hecho es que para Dios no hay imposibles. El Señor vió la oportunidad por donde su palabra podía ir a todas partes del mundo conocido, pues todos estaban en Jerusalén por las fiestas de la pascua, después de las cuales regresarían a sus poblados y naciones llevando consigo un nuevo mensaje.

Todo tiene un propósito; no es una exhibición o una prueba de fe ni menos una señal de tener al Espíritu Santo, sino un acto de Dios capacitando, dándoles las herramientas apropiadas a un grupo de personas que necesitaba dar un mensaje especial a un grupo de personas de diferentes partes del mundo en un tiempo especial.

Quien inventó la misión, cuyo corazón no desperdicia una sola oportunidad de salvar a sus amados hijos, vió el momento apropiado para proclamar su amor y exaltar a Jesucristo como salvador de este mundo. Pero también era una lección de amor para los que como tú y yo viviríamos en un tiempo lejano y distinto. ¿Cómo terminar la predicación del amor de Dios? ¿Puede el poder humano hacerlo? ¿Habrá alguna estrategia no probada que pueda lograrlo?

La misión inventada, diseñada por Dios, habrá de ser terminada tan solo por su intervención. Su providencia dará a sus embajadores el poder y las herramientas necesarias para que su misión sea terminada.

No existe otra forma: la intervención de Dios y el regreso de su santo Espíritu nuevamente a su Iglesia hará un nuevo pentecostés para sus hijos, de manera que el mundo, admirado, se pregunte: «¿Qué es esto? ¿Qué significa? ¿Qué cosas escuchamos que nos hablan estos?». Esto es para que se cumpla lo dicho por el profeta: «Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne» (vers. 17). La Iglesia recibirá las herramientas necesarias por medio del Espíritu Santo para dar un mensaje especial en estos tiempos de la historia, porque todo es por su gracia.

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