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Somos salvos por la gracia de Jesús

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«Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?» (Hechos 15: 10).

A menudo, el ser humano busca formas de cómo poder ayudar a Dios para lograr su salvación, aunque esto, claro está, sea solo una actitud desesperada por querer justificarse y no sentirse tan malo. Tristemente, nada puedes hacer por ti mismo para justificarte delante de Dios.

Los fariseos, así como algunas otras castas judías, se esforzaban a lo sumo por llevar una vida estricta a fin de cumplir los requerimientos de la ley de Dios. Sin embargo, por mucho que se esforzaban, les era imposible cumplir con los requerimientos divinos.

Cuando el evangelio fue llevado a los gentiles era de suponer que también fueron llevados los requerimientos extremos de los judíos: «¡Si quieren ser salvos tienen que guardar toda la ley y sus ceremonias!» Este parecía ser el grito de todo judío cristiano aparentemente convertido.

Pedro, quien ya había experimentado el poder de Dios en medio de los gentiles y quien también había visto al Espíritu Santo descender sobre ellos sin judaizar en sus costumbres, consciente también de la hipocresía de su pueblo que pedía que la ley se cumpliera, aunque ellos no lo hacían, puso de manifiesto su posición con respecto a los gentiles.

«Hermanos», dijo Pedro, «no pongamos sobre esta gente la carga de la ley de Moisés que ni nosotros hemos podido llevar». La salvación no se logra por cumplir requerimientos de ninguna clase. El ser humano se salva únicamente por la gracia de Jesús, sin necesitar añadir algo más. No es la gracia de Dios más las obras humanas; tampoco es la gracia de Dios acompañada de alguna penitencia. Dios ha obrado la salvación del ser humano solo por su gracia. Eso es todo y es más que suficiente. La Iglesia escribió que los gentiles se abstuvieran de los ídolos, de la fornicación, de lo ahogado y de la sangre, pero les recordó que la gracia de Dios era lo único que salva.

¿Estás luchando de alguna manera por ser bueno para que Dios te salve? ¿Consideras que necesitas hacer algo para ser merecedor de la gracia de Dios? Ya no tienes que impresionar a nadie: Dios te ha salvado por su muerte en la cruz. Deja que Dios te transforme en una nueva persona, con un nuevo estilo de vida, sin olvidar que te salvó desde el momento en que lo aceptaste como salvador. No necesitas más; recuerda que todo es por su gracia.

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