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No sé si eres cristiano o no o si lees la Biblia o no, lo cierto es que a muchos les disgusta la idea de estudiar la Biblia, porque lo ven como un libro propio de los protestantes. Algunos incluso la asocian con un libro misterioso, lleno de maldiciones, antes de descubrir fortuitamente todas las promesas y bendiciones que contiene. Exclaman con asombro: «¡No pensé que la Biblia enseñara todo esto! ¿Cómo fui tan ciego? Si lo hubiera sabido antes, mi vida hubiera sido diferente». Los prejuicios son en gran medida los culpables de todo. Las personas llegan a creer en tradiciones y costumbres que vienen de sus padres como realidades y difícilmente cuestionan si son verdad o mentira. Por eso, cuando aparece una Biblia en su camino, lo más fácil es ignorarla. Quizá en el fondo se pregunten: «¿Qué tendrá ese libro?» como un acto simple de curiosidad, pero la fuerza de la inercia las hace exclamar: «Gracias, pero no estoy interesado».
La gente que habitaba en la ciudad de Berea en los tiempos del apóstol Pablo era muy diferente al común denominador de los habitantes de las otras ciudades de su alrededor. Estas personas tenían una mentalidad abierta, una curiosidad de investigación y les gustaba comprobar por sí mismos «si estas cosas eran así», de manera que se adentraban en el estudio consciente de las Escrituras hasta su comprobación.
No hay algún otro libro cuyo estudio no ayude más al intelecto humano que la Biblia. Educadores como Tim LaHaye han llegado a la conclusión de que la Biblia no solo aumenta la sabiduría para tomar buenas decisiones, sino que fomenta en el ser humano los valores para mantener una buena familia, sociedad, país y planeta.
Quiero invitarte a que se te des una oportunidad de estudiar la Biblia. Tu vida cambiará significativamente. Empieza con 5 minutos diarios por el primer mes y en el segundo mes aumenta a 10 minutos. En el tercer mes continúa con 15 minutos y después decidirás si te quedas con esa cantidad de tiempo o si la aumentas. Una cosa es segura: tu vida cambiará para bien como resultado, porque todo es por su gracia.