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La pregunta que realiza el guardia que tenía arrestado a Pablo fue muy singular: «¿Sabes griego?». La apariencia de Pablo era la de un judío y generalmente conversaba con los judíos, así que lo más lógico es que hablara hebreo. La realidad era que Pablo era políglota. Por lo menos hablaba griego y seguramente el latín, puesto que era ciudadano romano, y así era la forma como se comunicaba con los gobernantes.
El Señor capacitó a Pablo con el don de idiomas para cumplir su labor misionera. Hay que recordar que el Espíritu Santo dotó a todos los que estaban en el aposento alto para que pudieran hablar en diferentes idiomas. Las Escrituras registran en el libro de los Hechos, capítulo 2, a más de una decena de idiomas que los reunidos podían hablar. El objetivo era claro: el Espíritu Santo dio todas las herramientas necesarias a los primeros discípulos para cumplir la misión.
En la actualidad, la Iglesia ha crecido. Hoy tiene a hermanos repartidos en todo el planeta y puede disponer de recursos humanos con los idiomas necesarios. Sin embargo, algunas veces el Espíritu Santo puede seguir haciendo los mismos milagros si son imprescindibles para cumplir la misión, porque el punto es ese: los dones vienen de Dios para que cumplas sus propósitos y su misión, mas no para que alardees con ellos. Pablo hablaba diferentes idiomas, pero los utilizaba según fuera la necesidad. No era un loco gritando a mitad de una plaza en Atenas para llamar la atención de forma absurda, sino que tenía un mensaje claro para comunicar las verdades del evangelio.
Qué bueno sería que te prepararas para hablar más de un idioma, de manera que pudieras estar listo para cuando llegue la ocasión de compartir tu fe, o simplemente a modo de superación personal para que te dé una ventaja y puedas ser más competitivo en el trabajo o tener mejores oportunidades. ¿Hablas inglés? ¿Hablas alemán? ¿Hablas francés? Lo que sea que hables úsalo para glorificar el nombre de Dios. Que su gracia te acompañe hoy y siempre.