Regresar

La promesa viene por la fe

Play/Pause Stop
«Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros » (Romanos 4:16).

Durante la infancia, la mayoría de las personas tiende a obedecer las reglas de sus padres. En una familia funcional se que romper las reglas trae consecuencias. Algunas veces, esas consecuencias pueden ser dolorosas y seguramente puede que recuerdes algunas de esas experiencias. Aunque ahora quizá te hacen sonreír, en su momento fueron motivo de preocupación y, en algunos casos, de temor.

Pero ¿dejabas de ser hijo cuando tenías que enfrentar alguna consecuencia? ¿Tenías que ganarte el derecho de ser hijo por medio de la obediencia? ¿U obedecer era un gozo para ti como hijo? Es posible que disfrutabas ver que tus padres se alegraban cuando obedecías las reglas, sin que eso estuviera ligado al privilegio de ser su hijo. Qué alegría era vivir en armonía, teniendo paz y seguridad de que la obediencia a las reglas del hogar no tenía nada que ver con estar calificado para ser un hijo.

Abraham obedeció a Dios y salió de su tierra por mandato del Padre. No sabía a dónde iba, pero tampoco le importaba mucho conocer el destino. Lo que le importaba era obedecer a Dios como su Padre. El mayor gozo de Abraham era creer en la palabra de Dios y, en consecuencia, le obedecía sin titubear. Su obediencia engrandeció su fe y él demostró su fe obedeciendo. Por tanto, Dios le prometió que en él serían benditas todas las naciones de la tierra. Al creer en Dios por fe te conviertes en hijo de Abraham y eres bendecido al creer que recibirás la promesa de la vida eterna por su simiente, es decir, por Cristo Jesús.

Ahora eres hijo de Dios no por obedecer, sino por la fe en Jesús. Al obedecer reafirmas tu fe no solo por medio de palabras, sino por medio de obras, aunque la promesa haya sido por la fe.

Eres hijo de Dios, aunque a veces te cueste obedecer. Aun cuando desobedeces y te sientes culpable no dejas de ser hijo de Dios. Obedecer o desobedecer no cambia tu estatus como hijo de Dios; sin embargo, qué felicidad cuando vives en armonía con los principios del Padre celestial. Estás en paz con él no por la obediencia, sino porque él te ama como hijo. Ahora puedes vivir tranquilo sabiendo que eres su hijo por su maravilloso amor, creyendo en él, obedeciéndolo por amor como tu Padre celestial, porque todo es por su gracia.

Matutina para Android