Regresar

La tribulación produce paciencia

Play/Pause Stop
«Y no solo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza» (Romanos 5: 3-4).

El ser humano no fue creado para sufrir. El sufrimiento es un enemigo extraño en su código genético. Dios, al crearlo, lo diseñó para que viviera eternamente sano y feliz, sin embargo, por la desobediencia a sus indicaciones, el hombre tubo que cosechar varias consecuencias, entre las cuales estuvo el sufrimiento.

A nadie le gusta sufrir. Cuando los padres ven sufrir a sus hijos por alguna enfermedad o por cualquier otro asunto, ellos también sufren tremendamente. Así es Dios: eres su hijo, por lo que para él no es ningún gozo verte sufrir. Sufre cuando te ve padecer, llora contigo y te consuela en tu sufrimiento hasta encontrar la solución adecuada para el problema.

Su palabra dice que cuando tengas que pasar por tribulación, aun esta puede ser usada para bien con la ayuda de Dios. Entender los propósitos del Espíritu lleva a la perseverancia. ¿Perseverancia en qué? En aferrarte a las promesas de Dios, entendiendo que tu vida tiene un propósito mayor que el simple hecho de tener que vivir un tiempo sobre este planeta. Dios intenta prepararte para que vivas nuevamente como era su plan original: por la eternidad.

Por tanto, perseverar y aferrarte a sus promesas sin desconfiar de su palabra produce un carácter conforme a su voluntad, un carácter moldeado por el Espíritu Santo contra toda prueba de desconfiar de él. Puede que enfrentes circunstancias en la vida que, como a Adán y Eva, te hagan desconfiar de Dios y hagan que confíes en otras cosas terrenales o que sucumbas a las insinuaciones del enemigo que dicen que Dios no te quiere, que el resultado del sufrimiento es porque es un creador malo que hace sufrir a sus hijos.

El carácter forjado bajo las promesas de Dios da esperanza y seguridad en aquel que te ha creado. ¿Qué sería de la vida sin esperanza? No tiene razón de ser. Lo mismo da morir hoy que mañana, pero la esperanza en un Dios amoroso que tiene como objetivo salvar a sus hijos da garantía y seguridad en el porvenir, sin importar cuán oscuro y triste sea el presente. En esta mañana, sin que yo conozca lo que pasa en tu vida ni los sufrimientos que enfrentas, te aconsejo que te aferres a las promesas de Dios. Él te ama, porque todo es por su gracia.

Matutina para Android